Creamos nuestra realidad a través de nuestras decisiones.

Nuestra vida se diseña y construye en base a las decisiones que tomamos. A lo largo del camino hemos tomado decisiones que nos han llevado hasta donde estamos hoy y ahora. Sin importar si consideras que esas decisiones son guiadas de manera divina o son resultado de una elección personal, tu vida ha sido el resultado de todo aquello que has decidido a lo largo del camino recorrido hasta hoy.  Siempre decidimos, de manera activa o pasiva, pues aun cuando no decidimos esto es en sí ya una decisión.

Todos llegamos a este mundo con los recursos internos necesarios para vivir en él de la mejor manera posible. Somos capaces de tomar nuestras propias decisiones y de encontrar nuestras respuestas y soluciones a cada situación que se nos presenta en la vida. Poseemos la capacidad, los recursos internos y apoyo externo necesarios para participar y actuar en nuestras relaciones y las situaciones que se originen en el momento que estamos viviendo.

Actuar no necesariamente significa hacer, hay más de una manera de actuar en la vida y esta incluye la posibilidad de solo ser sin tener que hacer: observar, hacer una pausa, reflexionar, tomar distancia, entender, aprender y dejar ir son algunas acciones muy válidas ante determinadas situaciones.

Nadie tiene más ni mejor experiencia que tú sobre tu vida, nadie tiene toda la información que posees tú de primera mano, sobre la relación, el otro, los otros, la situación, los antecedentes y todo aquello que te ayudará en el proceso de tomar decisiones. Procura que tus decisiones sean tomadas con el mayor conocimiento e información disponibles.  ¡Tú eres el experto en tu vida!

Muchas veces la mejor manera de ayudar es escuchar, desde una posición neutral, sin juzgar, poniendo nuestra atención en comprender al otro y preguntando con genuina curiosidad para incorporar una nueva perspectiva al análisis, otra manera de interpretarlo, usando otros lentes para mirar al hecho o la relación. Cuestionarnos con una nueva mirada aquello que hemos asumido. Escuchar a los otros y ayudarlos a que sean ellos quienes tomen sus propias decisiones y encuentren sus respuestas, lo hagan a su manera y según aquello en lo que creen, en lugar de aconsejar o decirles qué hacer.

Cuando tomas decisiones basadas en las recomendaciones de alguien más, debes tener en cuenta que eres tú quien va a vivir las consecuencias de esa decisión, nadie más. Es por ello tan valioso que la respuesta sea tuya y venga de ti, porque tú eres el protagonista de tu vida. Se trata de saber escuchar a los otros, considerar sus opiniones, experiencias y tomar tus propias decisiones prestando atención a tu guía interior. Allí reside tu sabiduría, sólo necesitas recordarlo y practicarlo.

Escuchar a tu voz interior y que sea esta tu mejor guía para tomar decisiones en la vida. Y como cualquier otra habilidad que deseamos incorporar y desarrollar en nuestra vida, se necesita practicar muchas veces hasta lograrlo. Aprovechemos esas oportunidades que la vida nos regala para poder practicar cuanto hemos aprendido en el camino.

Tomar tus decisiones en base a lo que deseas lograr. Se trata de comenzar con el final en mente, el propósito, la meta, tu objetivo, aquello que quieres alcanzar para en base a esto, diseñar tus acciones.

En esta vida todo tiene solución y si algo tiene solución entonces ya no es un problema. Lo imposible es aquello que tarda un poco más en llegar. Dediquemos nuestro tiempo, pensamiento, esfuerzo y energía a la solución en lugar de desgastarnos en el problema.

Tienes el poder de elegir dónde pones tu atención, tu tiempo, tu creatividad y tu energía.  ¡Tú decides!

Detrás de cada problema hay una oportunidad

Detrás de cada oportunidad hay una satisfacción

Detrás de cada satisfacción está el momento presente

Y en el momento presente, nuestra verdadera naturaleza.

Todo lo que somos.

Nuestra vida: cuerpos y dimensiones.

Nuestra existencia transcurre en diferentes dimensiones. La vida se despliega en la dimensión del mundo físico o material y en el mundo espiritual, donde se interconecta y unifica todo lo que existe como parte de una misma esencia. Todo lo que existe es la expresión de esa fuerza creadora, fuente de energía y vida que constituye su esencia, su núcleo y nuestra verdadera naturaleza. Núcleo y esencia que nos unifica y conecta.
Nuestras experiencias, vivencias, sucesos y relaciones en la dimensión espiritual son tan reales, verdaderas y significativas como aquellas que vivimos en el mundo físico.
La manera de existir es a través de nuestros cuerpos, habitamos de manera simultánea diferentes cuerpos: nuestro cuerpo físico, nuestro cuerpo emocional, nuestro cuerpo mental y nuestro cuerpo espiritual. También podríamos considerar el cuerpo energético, que para mí es la esencia que da vida e interconecta a los otros cuerpos, su esencia y vínculo.
Nuestro cuerpo físico nos permite habitar en el mundo físico, estar en él y experimentar todas las posibilidades dentro de esta dimensión terrenal. A través de nuestra presencia física participamos de este mundo dentro del marco del tiempo y el espacio físico, nos relacionamos con las personas y el mundo que nos rodea. A su vez, nuestro cuerpo físico es el continente y morada del resto de los cuerpos que nos conforman.
Nuestro cuerpo mental nos permite realizar todas las funciones cognitivas relacionadas con la mente. Tenemos la capacidad de razonar a todos los niveles del pensamiento: concreto y abstracto, entender conceptos, imaginar, incorporar información y conocimientos, aprender y recordar, memorizar, realizar analogías, inferir, anticipar, tomar decisiones, visualizar y todo lo referente a nuestra vida a nivel intelectual, del pensamiento y del conocimiento.
Por su parte, nuestro cuerpo emocional es el depositario de todo cuanto vivimos en el ámbito de los sentimientos y las emociones. Tus emociones te hablan, son parte de tu voz y guía interior. Ellas te están diciendo qué es importante para ti, qué quieres, cuáles son tus necesidades, cuáles son las lecciones por aprender detrás de las personas, las relaciones, los eventos y las circunstancias.
A través de nuestro cuerpo espiritual participamos de la vida en la dimensión espiritual que es a la vez total, interior, unificadora y permanente. Representa el universo de las almas, de la esencia de vida, luz, energía y sabiduría interior. Nuestro núcleo espiritual, extensión de la fuerza y energía creadora del universo o Dios, cualquiera que sea tu manera de entenderlo y el significado que le otorgues.
Sucede que estos cuerpos que habitamos no reciben siempre el mismo nivel de atención y cuidado de nuestra parte, con relación a la cantidad y calidad de energía que les dedicamos. Cuando ofreces más tiempo y energía a uno de ellos, este se desarrolla y crece a veces en detrimento de los otros cuerpos que no han recibido el mismo nivel de atención. Donde pones tu atención y energía, crece.
Así, podemos apreciar cuando se ha dedicado más atención al cuerpo físico y se ha descuidado el cuerpo intelectual o viceversa. Otras veces, cuando se procura más atención al cuerpo espiritual podría suceder que se debilita nuestro contacto con el cuerpo físico.
Nuestros cuerpos están interconectados, dependen absolutamente uno de otros para su supervivencia y tienen un impacto directo sobre nuestra salud y bienestar. Por ello es tan importante que reconozcamos y valoremos este vínculo.
Otro ejemplo sobre la conexión entre nuestros cuerpos se aprecia en el efecto y condicionamiento entre el cuerpo mental, el cuerpo emocional y su manifestación a nivel somático en el cuerpo físico. El origen y causa de casi todas nuestras emociones es un pensamiento. Los pensamientos viajan a una velocidad y rapidez tal que muchas veces ni tan siquiera podemos darnos cuenta de que están ahí, son la causa de la emoción que sentimos y responsables de cómo nos sentimos. Por debajo de lo que estás sintiendo hay un pensamiento que lo provocó. El mensaje que recibimos a nivel concreto es una emoción en nuestro cuerpo emocional y registrada a través nuestro cuerpo físico. Nos contraemos, nos sudan las manos, se nos desborda el pecho, sentimos un calor que sube desde el estómago, un hoyo en la panza, mariposas en el estómago, el corazón que se acelera, son muestras de algunas de las tantas maneras en que nuestro cuerpo nos habla y nos dice cómo hemos reaccionado a lo que ocurrió.
Lo que nos causa dolor y sufrimiento casi nunca es el hecho o evento que ha ocurrido, si no el pensamiento e interpretación asociado a esto que ha ocurrido, que provoca la emoción y condiciona como nos sentimos con relación al hecho. Se trata de hacerlo consiente, observar y observarnos para aprender de nosotros y de los otros, escuchar a nuestros cuerpos. Porque todo aquello que no hagas consciente seguirá dirigiendo tu vida.
Todo lo que está en equilibrio está bien. Se trata de encontrar el equilibrio en nuestra vida a través de los cuerpos que habitamos, en la dimensión material y espiritual de la existencia. Conectarnos a nuestro cuerpo físico, mental, emocional y espiritual, reconocerlos a todos por igual y destinar igual nivel de atención, cuidado y energía para nuestro crecimiento interior y nuestro bienestar. Para celebrar la vida.

Prueba de realidad: procesos y progresos.

Prueba de realidad: procesos y progresos.

Nuestra vida transcurre al menos en dos dimensiones. En el mundo físico, material, exterior y en la dimensión interior, psicológica y espiritual de nuestro Ser No todas las personas tienen el mismo nivel de conciencia para identificar que vivimos por igual en ambas dimensiones. Cada quien, según su tipo de personalidad, su manera de ser y de ver la vida, podrá participar en mayor o menor medida en una u otra dimensión de la existencia. Según cada quien y cada cual, varía la proporción de tiempo y atención que dedicamos a vivir en una u otra dimensión.

Existen personas, en los cuales me incluyo, que intentamos encontrar el equilibro para vivir en ambas dimensiones de la manera más balanceada posible. Tengo la certeza que todo lo que está en equilibrio está bien.  Esta práctica resulta de gran utilidad como guía y orientación para nuestra vida. Podemos reconocer lo que está o no en equilibrio cuando escuchamos a nuestra voz interior, cuando sentimos los mensajes de nuestro cuerpo, allí se encuentran las señales y las respuestas. Confía en ti y lo sabrás.

Nuestro mundo interior y exterior están permanentemente interconectados y nuestra vida transcurre en la interrelación de ambas dimensiones. Lo que sucede en una afecta a la otra y viceversa.

El proceso de aprendizaje y crecimiento personal suceden en nuestro mundo interior. Exploramos, comprendemos, nos cuestionamos, reconocemos, aprendemos y crecemos adentro. En ocasiones hemos iniciado un proceso de crecimiento personal para superar situaciones emocionales difíciles y todo cuánto hemos vivido durante este proceso ha ocurrido sobre todo dentro de nosotros. Al vivir este proceso interior podría presentársenos la duda acerca de cuánto de lo que hemos avanzado y logrado resulta real.

En otras ocasiones, asumimos intenciones y propósitos en las acciones de los otros que abren margen a la posibilidad de que realicemos interpretaciones equivocadas.  Y a partir de ahí y como resultado de nuestras interpretaciones, nos hacemos muy mala vida. Muchas veces el sufrimiento, la frustración, el dolor y el enojo son el resultado de las interpretaciones que le damos a lo que ha ocurrido y no del hecho en sí.

Para salir de dudas sobre tus procesos, tus progresos y tus relaciones, lo más recomendable será hacer prueba de realidad. Se trata de validar en el mundo exterior la certeza de nuestra apreciación sobre el proceso que estamos viviendo, el otro o la relación.  Constatar nuestro crecimiento interior en el mundo exterior que habitamos, será siempre una manera muy recomendable para practicar el equilibrio de nuestra existencia en ambas dimensiones.

Si crees que has sanado y superado una relación del pasado que resultó muy dolorosa, es posible que por esos imponderables de la vida se presente la oportunidad de constatarlo. Haciendo prueba de realidad, sabrás qué tanto hay de cierto y de avance en tu proceso de dejar ir o cerrar ciclos.

La vida nos regala casi siempre las oportunidades para hacer prueba de realidad y validar nuestros procesos interiores. Muchas veces las ocasiones para hacer prueba de realidad aparecen sin buscarlas y la posibilidad para confirmarlo se nos ofrece sola.

Podrás saber cuánto has avanzado en tu proceso de aceptación de ti mismo, si cuando estás en un grupo realizas o no un esfuerzo por encajar y agradar, buscando la aceptación del grupo. Esta ocasión te permitirá hacer prueba de realidad para conocer cuánto has avanzado y cuánto falta aún por recorrer en este camino de aceptación y valoración de uno mismo.

La vida es un camino de aprendizaje continuo. Hay muchos aspectos de nuestro desarrollo y crecimiento personal como la aceptación, el perdón, la confianza en uno mismo, la gratitud, el desapego, la capacidad de adaptación, la paz interior, la felicidad, entre muchos otros que cada quien decidirá explorar, conocer, aprender y practicar según su experiencia de vida y sus necesidades interiores a satisfacer en cada etapa.

Cualquiera que sea tu proceso, el tema o los temas en tu vida sobre los cuales decidas aprender, crecer y practicar, una vez transcurrido un tiempo y sientas que has avanzado, que has experimentado logros personales importantes en esa dirección y ese camino; será muy recomendable hacer prueba de realidad para validar tu progreso y confirmar en el mundo exterior que tanto hay de cierto es ese avance y esos logros.  De este modo, podrás seguir avanzando para lograr aquello que deseas en tu proceso de crecimiento personal. Los procesos nos son lineales, cada quien los transita y experimenta a su manera y en sus tiempos. Cuando la vida nos regale la oportunidad de hacer prueba de realidad, aprovechemos la ocasión para reconocer nuestro progreso, retomar nuestro camino o reorientar la brújula, para acercarnos a nuestro destino deseado.

Para comunicarnos mejor.

En nuestras relaciones personales a veces tomamos decisiones que provocan algún tipo de conflicto o nos vemos inmersos en problemas que debemos solucionar de la mejor manera posible.  Muchas veces las situaciones de conflicto están relacionadas con límites que necesitamos establecer para mantener relaciones saludables en nuestra vida.

Todos tenemos necesidades diferentes que intentamos satisfacer a través de nuestras relaciones afectivas. Nuestras necesidades emocionales están determinadas por nuestro tipo de personalidad, así como nuestras creencias y valores. Habrá, por ejemplo, quien necesite tener la razón, afirmarse en su versión de la historia porque esto les da seguridad y necesita sentirse seguro. Hay otros que su necesidad primaria es tener paz y tratarán casi todo el tiempo de evitar el conflicto, en su creencia errónea de que la paz es la ausencia de conflictos. También están los que necesitan sentirse reconocidos, otros que buscan ser admirados, sobresalir y acaparar todos los reflectores, otros tener poder, ser fuertes, estar al mando, otros sentir que los necesitan, otros sentirse deseados, otros tener control, otros ser únicos, especiales y así sucesivamente. Las relaciones se van articulando sobre la base de las necesidades de quienes participan en ella. No siempre somos conscientes de cuáles son nuestras necesidades básicas en el área afectiva y emocional, estas permanecen en nuestro inconsciente y de igual manera determinan nuestro comportamiento y nuestra elección de pareja. Porque aunque nos resulte difícil de creer, el inconsciente manda…en especial a la hora de relacionarnos.

La comunicación es el medio para interactuar en todas nuestras relaciones. A través de la comunicación el vínculo se construye y permanece. Como dice el refrán, hablando la gente se entiende o al menos se enteran de que no se entienden. Cuando nos comunicamos con los demás, el “qué” es igual de importante que el “cómo” por lo que resulta crucial lograr el balance entre forma y contenido. Nos comunicamos para algo, es decir, hay un propósito y una intención en el diálogo. La manera cómo expresamos aquello que deseamos comunicar hace la diferencia y será decisivo para que logremos o no nuestro propósito.

Resulta muy buen punto de partida tener claro nuestro propósito, qué es lo que deseamos lograr con esa conversación y encontrar la manera más eficaz para transmitirlo. Valorar cuáles son las opciones que tenemos y elegir la que mejor nos garantice que logremos el resultado que deseas alcanzar con esa conversación. A continuación les presento otras recomendaciones que hacen del intento por comunicarnos y entendernos algo más simple y asertivo.

Es muy recomendable intentar sustituir los “pero” por “y”. El “pero” casi siempre invalida a la frase que lo precede y quien lo escucha solo recibe y procesa el mensaje después del “pero”.  El “y” suaviza el mensaje sobre todo restándole la carga negativa que podría proporcionarle el “pero” que impide que el otro incorpore lo positivo en la frase que le precedía. Es muy probable que cada uno de nosotros tenga algunos ejemplos en su vida con lo cual clarificar esto.

También resulta muy útil hablar en primera persona. Eliminar los “tú” que casi siempre traen un gustillo a reclamo. Esto es lo que se conoce como el Yo mensaje o “I message”, hablar en primera persona de lo que quieres, lo que sientes, lo que percibes, tu punto de vista, aquello que deseas, todo lo que “si” y lo que “no” en la relación en cuestión. Cada frase podría iniciar con:  A mí o me: A mí me pasa…A mí me molesta…A mí me lastima…A mí me enoja… A mí me gustaría…Me siento… Me afecta… Me parece…Me pone triste…Me gusta…etc. Con la genuina intención de contactar con el otro creando un espacio para el diálogo.

Siguiendo esta línea, busquemos evitar los términos absolutos como el “nunca” o “siempre”, “todo” “nada” y suavizarlos en el “casi” que resulta muy útil para evitar que el otro se atrinchere. Buscar el punto de encuentro mediante frases como “Pareciera, tengo la sensación”… sin interpretarnos y procurando hacer contacto con el otro desde nuestro Ser, haciendo a un lado al Ego que nos separa, divide y juzga.

Los problemas y conflictos son parte de la vida y de las relaciones con la pareja, la familia, los amigos, los conocidos y nuestros colegas del trabajo. Aprender a solucionar los problemas y conflictos comunicándonos de la mejor manera, constituye una de las habilidades más importantes que podemos adquirir y desarrollar en la vida en aras de mejorar nuestras relaciones. Para ello debemos observar, aprender y practicar todos los días. Cada día es una oportunidad para hacerlo mejor y para ser como nos gustaría, con nosotros y en todas nuestras relaciones.

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Cuando quieras recibir, dilo.

Todos tenemos sueños y deseos que anhelamos sean realizados en nuestra vida. Esperamos que una ocasión especial, un cumpleaños, un aniversario sean celebrados de determinada manera. Son momentos en los que en nuestro interior deseamos nos fuera expresado y entregado aquello que nos gustaría recibir por y para nuestro agrado.  Aquello que nos ilumina y alimenta el alma, que nos hace sentir queridos. Cada quien tiene necesidades diferentes, necesidades de todo tipo. Una vez satisfechas las necesidades básicas que nos garantiza la supervivencia del cuerpo físico, buscamos satisfacer nuestras necesidades afectivas y emocionales, casi siempre a través de nuestras relaciones.

Es muy humano tener expectativas en nuestras relaciones. Las expectativas son aquello que deseamos y esperamos recibir de los otros y están directamente vinculadas a nuestras necesidades. Nuestras expectativas suelen ser poco realistas pues nacen de nuestros deseos e idealizaciones, por lo que casi siempre estas vienen acompañadas de cierta desilusión cuando no recibimos aquello que esperamos.

Una vez que sabemos lo que queremos, lo que esperamos de una relación y de las personas que nos rodean, lo más saludable y efectivo será encontrar la manera de hacerle saber los otros aquello que queremos recibir y cómo deseamos que nos sea entregado. Cuando reconoces aquello que anhelas y lo comunicas de la mejor manera al otro o los otros, estas asumiendo la responsabilidad contigo de procurarte y entregarte lo que es importante para ti, te estás haciendo cargo de satisfacer y atender a tus necesidades.

La opción de entregarnos a nosotros mismos lo que queremos recibir de los demás es también válida y lograríamos cierta satisfacción a nivel material, la realización en el mundo material del objeto del deseo. Quedaría aún por satisfacer la parte emocional vinculada al objeto físico y que se expresa a través de él. El regalo es el medio para expresar y recibir muchas otras entregas afectivas y emocionales. Es el símbolo a través del cual comunicar sentimientos, por lo que cuando nos lo entregamos a nosotros mismos estamos satisfaciendo la parte material pero no nuestras necesidades emocionales y afectivas, nuestro sustento interior.

El regalo, la salida a cenar, la celebración y los detalles son el medio a través del cual satisfacemos nuestras necesidades y deseos de sentirnos valorados, reconocidos, amados, acompañados, vistos o cualquiera que sea aquello que quieras recibir y sentir en tu relación. Claro que siempre puedes ir y entregártelo tú, lo cual te proveerá la satisfacción material de poseer aquello que te gusta, sin embargo, quedará insatisfecha la parte sentimental que le otorga otro sentido y relevancia al hecho u objeto.

Es por ello que la comunicación resulta tan crucial y  significativa en todas nuestras relaciones. Se trata de encontrar la mejor manera de decir y pedir a los otros lo que deseamos vivir en la relación, aquello que queremos recibir. Es una oportunidad para acercarnos al otro, ganar presencia y valía en la relación y en nuestra vida. Será la manera de tomarnos en cuenta, atender a nuestras necesidades y comunicarlas, expresar aquello que queremos y es importante para nosotros. Enseñarle a los otros cómo quieres que te quieran. Habremos alcanzado el nivel y calidad más altos de comunicación, el día que sientas que puedes hablar con el otro como si hablaras contigo mismo.

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Enamoramiento y Amor. ¿Por qué nos enganchamos?

El enamoramiento es la etapa previa al amor. Cuando nos enamoramos nos relacionamos con el ideal, con esa persona idealizada que hemos creado en nuestra imaginación. Todo resulta natural y sin esfuerzo, nos enamoramos de manera espontánea porque la persona con la que estamos posee aquellas cualidades que nos atraen y alguna de las cuales a veces ni tan siquiera somos conscientes.  En esta etapa de idealización del otro, predominan la atracción física y química, los deseos, los sueños y nuestra idea del amor. Mucho más profundo yacen necesidades emocionales y afectivas, así como carencias del mismo tipo, de las cuales no somos conscientes y que de alguna manera marcaron nuestras relaciones afectivas en el pasado, iniciando en nuestra infancia.

El enamoramiento es la primera etapa de una relación y suele durar por lo general año y medio, aunque sabemos que para las relaciones no hay recetas y casi nada es absoluto ni definitivo. Cada pareja es un mundo y funciona a su manera. Durante la etapa del enamoramiento nos relacionamos casi siempre y mucho más con la persona idealizada, aquella que deseamos que sea y no tanto con la persona que en realidad es. Vemos al otro a través de los lentes de nuestros mejores deseos y muchas veces proyectamos en el otro cualidades que nos atraen y que no necesariamente están allí, sino que son un reflejo de nosotros mismos. Vemos en el otro aquello que nos gusta de nosotros mismos. Por supuesto que no todo en esta etapa es producto de nuestra imaginación ni está distorsionado por nuestros deseos, es también muy cierto que el otro tiene cualidades, actitudes y detalles que nos enamoran y nos hacen sentir muy bien en su compañía.

Sin embargo, ni tú ni el otro son muy reales en esta etapa pues ambos están haciendo su mejor y mayor esfuerzo por cumplir con las expectativas del otro en el arte de enamorar. Nos convertimos de manera natural y espontánea en aquello que vemos en los ojos de quienes deseamos. Modificamos nuestra conducta para enamorar al otro, con la genuina ilusión de que la relación funcione y ambos seamos lo que el otro ha buscado y espera en el amor. Realmente queremos ser su pareja.

Pasado el enamoramiento este cede el paso a la etapa del amor. En esta segunda etapa de la relación nos relacionamos cada día más con la persona real a medida que transcurre el tiempo. Cada día tú y el otro son más reales y menos idealizados.

Este paso del enamoramiento al amor es uno de los retos más grandes para la relación. Lo que antes nacía de manera espontánea y sin mayor esfuerzo comienza a hacerse cansino o rutinario, aparecen los primeros conflictos, las interpretaciones, los vacíos en la comunicación y las incomprensiones de una y otra parte. Vivimos un proceso de reajuste donde nos enojamos, nos contentamos, nos mal interpretamos, nos aclaramos, nos reconciliamos, en medio de un torbellino de dudas y sentimientos de todo tipo que crean confusión, frustración, contaminan la relación y debilitan el vínculo.

Las dudas aparecen y crecen, nos preguntamos ante cada tropiezo: ¿estoy con la persona que en realidad quiero que sea mi pareja?  La espontaneidad y los deseos van cediendo a la rutina y a veces al cansancio. Y es aquí el momento para tocar base contigo y regresar a ti. Saber quién eres y qué quieres, en especial de la relación y de tu pareja. Muchas veces tenemos mucho más claro lo que no queremos en nuestra relación y ese también es un camino muy válido para acercarnos a lo que queremos. Se trata de aprender a conocer y entender sin juicios, a mí y al otro.  Ser conscientes sobre qué quiero y qué necesito en mi relación, qué es importante para mí, para sentirme y estar bien en esa relación.

En la etapa del amor descubrimos que el amor no sólo es un sentimiento si no es también una decisión. Las parejas que están juntas es porque así lo han decidido. De este modo uno decide poner su atención en lo que si funciona, me gusta y está bien en el otro y en la relación. Se crea un espacio de tolerancia y entendimiento para hacer más llevadero lo que te gustaría fuera diferente. Es el momento de hablar para crear acuerdos sobre los temas que nos afectan. Donde pones tu atención crece. Las relaciones se construyen a través de la comunicación, llegando acuerdos a través de los cuales crear la relación que ambos desean.

En aquellas ocasiones en las cuales nos enganchamos en relaciones complicadas que nos producen mucha confusión e inestabilidad, podría ser que el otro de alguna manera nos recuerda, dado que se asemeja en su tipo de personalidad, a aquella figura afectiva inmediata, materna o paterna o hermanos, con la cual tuvimos una relación en el pasado marcada por conflictos emocionales no resueltos. De manera inconsciente buscamos solucionarlos en esta nueva relación. Ahora como adultos intentamos reescribir la historia para que esta vez si sea como nos habría gustado que fuera. Para recibir aquello que tanto necesitamos y añoramos de nuestra figura afectiva inmediata en esa etapa de la vida y que por alguna razón no nos fue entregado. Todo esto es un proceso completamente inconsciente, a través del cual y sin darnos cuenta intentamos solucionar conflictos emocionales no resueltos en el pasado con nuestras figuras afectivas inmediatas.

Sucede que esa semejanza en los tipos de personalidad entre aquella figura afectiva fundamental de nuestra infancia y esta otra persona en mi relación, condiciona y limita la posibilidad real de que esta vez logre recibir del otro lo que siempre he querido. Entre otras cosas porque cada quien se relaciona desde y a través de su tipo de personalidad y es muy probable que recibas y carezcas de lo mismo si ambos tienen un tipo de personalidad muy similar. Cada uno ama y expresa su amor a través de su tipo de personalidad. No recibirás peras del olmo por más que lo intentes, ames, te entregues y te desvivas en la relación.

La transición del enamoramiento al amor es una etapa muy importante de aprendizaje sobre mí y sobre el otro, de reconocimiento y aceptación de nuestro tipo de personalidad y la del otro, nuestra manera de vivir y de amar, lo que cada quien puede dar y recibir en la relación, saber que necesitamos y que podemos esperar. Es importante que podamos hacerlo sin juzgar para evitar contaminar el proceso y nuestra alma con la energía negativa del Ego, para evitar darle espacio a ese invento tan poco generoso que es la culpa, la crítica, las interpretaciones, lo que consideramos defectos, aquello que me molesta. Se trata de vivir este proceso desde nuestro Ser, para dedicar nuestra energía a lo positivo que hay mí, en el otro y en la relación, ese espacio de encuentro donde tú, el otro y la relación es posible y realizable.

Resulta importante identificar aquello que queremos en el amor y confirmarnos en nuestras decisiones. En este proceso aprendemos sobre nosotros mismos y sobre el otro, para crecer juntos y compartir el camino sin juzgarnos, reconociendo y creando ese espacio común donde lo positivo de ambos sea posible.

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Dejar ir… y la fábula del mono.

Cuentan que, en un lugar de África, los cazadores tienen una manera muy sencilla para atrapar a los monos. Van dejando en el camino un rastro de cacahuates y frutas que ya conocen les gusta mucho a los monos. Este camino llega hasta un pequeño agujero en un árbol. Allí depositan el resto de los cacahuates y será donde más tarde atraparán al mono.
El mono va siguiendo el rastro, recogiendo los cacahuates hasta llegar al pequeño hueco en el árbol. Allí introduce la mano y llena todo su puño con los cacahuates que se encuentra adentro. Cuando intenta sacar la mano, no puede al haber cerrado el puño para llevarse los cacahuates con él. Como mantiene el puño firmemente cerrado le resulta imposible sacar su mano por un agujero tan pequeño. El mono lucha y se desespera sin darse cuenta de que para poder liberarse solo necesita abrir su mano, dejar ir. Y así, al no poder comprender que solo tiene que abrir su mano y soltar los cacahuates para ser libre, es apresado por los cazadores.
Cuando escuché esta fábula recordé tantas ocasiones en las cuales nos encontramos atrapados de la misma manera que el mono. Sujetamos con fuerza y nos aferramos a situaciones y relaciones, con nuestros puños firmemente cerrados y en detrimento de nuestro bienestar.
Esta historia llevada al ámbito de los seres humanos y nuestras relaciones ilustra de manera elocuente como en ocasiones no nos damos cuenta de que nuestra liberación y bienestar sólo depende de soltar, de abrir nuestra mano para dejar ir. Desprendernos para dejar de sufrir y liberarnos de todo aquello que nos impide estar bien.
La manera más sencilla de soltar nuestros apegos es a través del profundo compromiso y práctica de conectarnos con el ahora, para vivir, ser y estar en el momento presente. Una de las maneras más utilizada para lograr estar en el ahora es a través de nuestra respiración. Pones toda tu atención en inhalar y exhalar y permaneces así durante unos minutos para de este modo regresar a tu Ser interior en el momento presente. Otra manera es a través de poner concentrarnos en la palma de las manos o la planta de los pies o ambas por unos minutos, hasta que tienes la sensación de estar en plena consciencia del momento presente. Existen otras maneras y cada uno podrá encontrar la suya. Se trata de darnos cuantas cuando no estamos en el presente para regresarnos a él una y otra vez. Estar en el ahora en realidad significa regresarnos de manera recurrente al momento presente. Y el mejor método será siempre el que a ti te funcione.
Cada final es un nuevo comienzo. En lugar de preocuparnos y llenarnos de ansiedad por lo que viene después o qué será lo siguiente, abracemos el momento presente con una actitud abierta y genuina curiosidad, con el propósito de aprender las lecciones que nos ofrece la experiencia o la situación que estamos viviendo. Son lecciones importantes y necesarias para nuestro crecimiento personal, para lograr ser la mejor versión de nosotros mismos, para realizar todo nuestro potencial. Se trata de convertirnos en observadores de nosotros, de todo aquello que vivimos en nuestro interior y de aquello que acontece afuera, en el mundo exterior. Donde quiera que estés, estar completamente allí, viviendo con presencia total esa experiencia para aprender las lecciones que nos ofrece. En esta vida no existen errores, solo lecciones y estas se repiten hasta que nos las aprendemos.
Nuestra vida es como un río, viajamos llevados por la corriente y se trata de aprender a disfrutar en sus aguas. Cuando nos resistimos nuestro cuerpo se tensa y nuestra alma se contrae, nos hacemos pesados y nos hundimos. Naveguemos con confianza y en paz, con nuestra fe y nuestras certezas, fluyendo con el proceso de la vida. Respira, conecta contigo, confía y fluye en paz en la corriente del río de la vida ….viajas en tu río y todo está bien.

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Los amigos: diferentes maneras de relacionarnos.

Casi siempre que la amistad se establece sobre la base de un elemento unificador externo como podría ser alguna actividad en común, por ejemplo, un tipo de juego, equipo de deporte, taller de lectura, cine club, clases de manualidades, taller de fotografía o cualquier otro tipo de hobby, la relación suele ser más sencilla y fluida al estar todos dedicados y concentrados en la actividad para la cual se reúnen. La comunicación e intercambio pasa a través de esta actividad y garantiza la cercanía sin mayores conflictos.

Por otro lado, existen aquellas otras relaciones que se construyen esencialmente a través del vínculo emocional y afectivo de las personas que participan de la relación, por lo que la comunicación y la convivencia gira en torno a temas más íntimos y personales. En estos casos hay una mayor probabilidad de conflictos y malentendidos pues el elemento unificador es completamente subjetivo y susceptible a un amplio espectro de interpretaciones.

Por lo general, entre hombres se establecen relaciones del primer tipo, ellos se reúnen para realizar alguna actividad a partir de la cual conviven y se comunican, casi siempre enfocados en el propósito inicial de carácter objetivo y concreto que da origen y representa la esencia de la amistad. Se ponen de acuerdo para ir a jugar futbol, salir a pescar, mirar en la televisión el juego de pelota o el deporte de temporada y cualquier otra actividad de interés común. Se trata de hacer algo juntos, con el grupo de amigos.

Las relaciones entre mujeres suelen ser más bien del tipo afectivo y emocional, la convivencia gira en torno a temas mucho más personales y de convivencia por lo que al compartir e intercambiar experiencias en el basto mundo interior y las diferentes maneras de mirar la vida, estas se tornan más complejas.

Aquí aclaro que procuro evitar los estereotipos, las clasificaciones e interpretaciones simplistas sobre este tema. No se trata de afirmar que las relaciones entre hombres son de un tipo y aquellas entre mujeres de otro. En el ámbito de las relaciones humanas lo común o lo general nos ayuda a entender sin etiquetar, afirmando que existen tantas maneras de ser y de relacionarse como personas y tipos de personalidad.  Me declaro a favor de la apertura de análisis, considerando la riqueza y variedad inherente a cada tipo de relación, más allá de cualquier interpretación simplista sobre el tema. Son tipos de relación que trascienden al análisis de género femenino o masculino, no son ni mejor ni peor, sólo diferentes que expresan necesidades, dinámicas y retos propios. Se trata de entender y apreciar la diferencia.

Las relaciones nos son más o menos sencilla o complicadas porque se establezca entre hombres o entre mujeres. Lo que en realidad determina el grado de complejidad de la relación o por el contrario lo hace más sencillo, es si el vínculo en la relación se origina y mantiene a través de una actividad en común o si obedece a necesidades emocionales y afectivas compartidas por quienes participan de la amistad. El elemento unificador externo y concreto hace que la relación fluya en torno al objeto del vínculo, simplificando la convivencia. Por su parte, cuando el núcleo que mantiene la relación es de tipo afectivo sin que exista un objeto o actividad externa que unifique la relación, esta se torna más compleja porque se conectan y conviven mundos interiores con necesidades, maneras de vivir y ver la vida diferente. Es en este caso cuando los tipos de personalidad de los que participan de la amistad juegan un papel predominante en la dinámica de la relación.

Los amigos son la familia que elegimos en esta vida y establecemos con ellos vínculos diferentes en dependencia de nuestro tipo de personalidad y nuestras necesidades, aquello que buscamos y queremos en nuestras relaciones. La amistad se alimenta y crece a través de la convivencia, el intercambio, la comunicación, las acciones y el tiempo entregado para mantener y fortalecer la relación.

Conocernos y conocer a los otros nos ayuda a comprender a nosotros y a los otros para saber que esperar del otro y de la relación. El conocimiento de los tipos de personalidad nos ayuda a anticipar la respuestas y reacciones de los otros en favor de la relación, para entendernos sin juzgar. Se trata de dejar de juzgar y de juzgarnos en aras de nuestro bienestar y el de la relación. Observarnos a nosotros y a los otros en nuestras acciones y emociones para aprender y crecer como personas y como amigos. Practicar la aceptación en el camino de la comprensión y el respeto, dedicando nuestra energía a todo lo bueno que compartimos con los amigos.

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Nuestros hijos, su mundo y sus amistades.

Cuando nuestros hijos se acercan a nosotros para contarnos sus problemas o aquellas situaciones que están viviendo en especial con relación con sus amistades, es muy importante validar sus sentimientos. Cuando le decimos, entiendo lo que estás sintiendo, entiendo tu enojo, tu frustración o tu tristeza, estamos construyendo el puente de comunicación que nos permitirá compartir con ellos cualquiera que sea el momento emocional y los sentimientos que están experimentando. Ese acercamiento de ellos hacia ti es una clara señal de que quieren compartir contigo eso que sienten, por lo que aprovechemos cada oportunidad que ellos nos ofrecen para hacer crecer la relación y mejorar la comunicación.

Una vez que validas sus sentimientos y escuchas su versión de la situación o el problema, puedes asistirlos y acompañarlos para que ellos encuentren la solución a través de preguntas simples y neutrales, desde la genuina curiosidad por entender qué les está pasando. Sobre todo, sin emitir juicios. Sin juzgar ni a ellos, ni a los otros, ni a nosotros. Tomar una posición neutral y permitirles que sean ellos quienes solucionen el problema. ¿Qué crees que puedas hacer? ¿Qué te gustaría? ¿Cómo quieres que te ayude? ¿Qué quieres lograr? ¿Qué opciones tienes? ¿Cuáles crees serían las consecuencias de esas acciones? ¿Cuál sería la más efectiva, la que consideras que mejor te ayudará a lograr aquello que deseas?  ¿Qué podrías hacer diferente? Son algunas de las muchas preguntas que los ayudará para que reflexionen y exploren con mayor profundidad la situación presente y sus posibles soluciones, abriendo las puertas a su creatividad en la solución de conflictos y la toma de decisiones.

Se trata de ayudarlos a crear una dinámica interna de análisis y evaluación inteligente que les sirva luego para la vida y que ellos puedan replicar y utilizar en el futuro cuando se enfrenten a situaciones similares. Es importante que nuestros hijos aprendan a establecer un modelo interno de análisis para cuestionar, comprender y solucionar sus conflictos, para encontrar sus respuestas, lograr los resultados deseados y tomar sus propias decisiones. Acompañarlos para que ellos encuentren la solución y actúen según aquello en lo que creen. Si al final las cosas no resultan como ellos esperaban siempre pueden considerar nuevas opciones, otra manera de lograr aquello que desean. Porque en esta vida todo tiene solución, casi nada es definitivo y todo sucede a su debido tiempo.

Además, siempre podemos ayudarlos a beneficiarse de la experiencia y aprender la lección. En la vida no existen errores, sólo lecciones, oportunidades de aprendizaje. Las lecciones se repiten hasta que nos las aprendamos. Sería muy bueno que aprendan con nosotros que somos el lado amable y amoroso de su vida. Casi siempre le digo a mis hijas que tienen la opción de aprenderlo en casa junto a nosotros con amor, desde la comprensión y con paciencia o aprenderlo afuera de la manera en que se lo enseñe la vida.

Del mismo modo, debemos saber corresponder a nuestros hijos cuando se acercan para contarnos sus problemas, situaciones o aquellos asuntos que son importantes para ellos. Validemos sus sentimientos y escuchemos con amor y sin juicios. Siempre podemos valorar y agradecer que quieren hablarlo con nosotros, que nos tengan la confianza para contarnos lo que les pasa y que nos permitan acompañarlos durante el proceso.

Es importante que nuestros hijos comprendan que una relación es de dos y sólo son responsables de su mitad, de su parte en esa relación.  Que tomen siempre en cuenta cómo se sienten, cómo los tratan y observar, a ellos mismos y a los otros para seguir la guía de su intuición, escuchar a su voz interior. Tienen todo el poder en su mitad de la relación, la parte que depende de ellos mismos para decidir cómo responder a lo que acontece fuera. También tienen el poder de decidir si quieren o no participar de esa relación. Y una vez que deciden participar de ella también tienen el poder de diseñar su mitad y crear a través de acuerdos el tipo de relación que desean tener. Para que alguien te lastime, te moleste o te haga sentir mal debe contar con tu activa participación. De alguna manera le estamos cediendo a los otros ese poder en detrimento de nuestro bienestar.

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Conflictos y soluciones.

En ocasiones nos encontramos en momentos de la vida, situaciones o conflictos donde nos preguntamos: ¿qué hacer? Nadie en esta vida te conoce mejor que tú. Has vivido contigo cada uno de los días de tu vida, por lo que nadie podría tener mejor respuesta que la tuya a esa pregunta. Lo que les funciona a los otros, no necesariamente tiene por qué funcionarte a ti. Casi todos al final o desde el principio actuamos según aquello en lo que creemos y no por lo que los otros nos digan. Como ese refrán que nos recuerda que nadie escarmienta por cabeza ajena. Es por ello que resulta tan valioso encontrar tus respuestas y tus soluciones a los conflictos, en especial aquellos vinculados a tus relaciones. Es importante de encontrar tu manera de ser, estar y conducirte en situaciones específicas e importantes para ti.

No tenemos el poder de cambiar la personalidad de los otros, ni de modificar la manera cómo se comportan con nosotros, ni de transformar sus decisiones o solucionar sus conflictos interiores. Si tenemos otros poderes, muy valiosos e importantes para nosotros en todas nuestras relaciones. Podemos decidir cómo queremos que sea nuestra mitad, diseñar nuestra parte en esa relación, estableciendo límites saludables, siendo responsables de nosotros mismos y de nuestro bienestar emocional. Podemos decidir cómo queremos reaccionar a aquello que sucede y cómo responder a lo que nos afecta en nuestras relaciones.

Regálate tiempo para estar contigo, reflexionar y explorar todo lo vinculado a la relación desde el pasado hasta hoy, un recorrido de ida y vuelta. Tal vez podrás reconocer un patrón o una dinámica establecida en la relación, lo común, aquello que casi siempre sucede y ha sido la norma en la relación. Recuerda y analiza cómo ha sido esa relación, cómo te has sentido y las reacciones que tenido la otra persona para contigo en situaciones similares en el pasado que puedan servirte de referencia. Se trata de beneficiarte de tus experiencias pasadas para encontrar la manera de solucionar situaciones presentes. Explorar qué podrías hacer diferente si deseas lograr un resultado diferente.

Hay personas que tienen la capacidad de sacarnos de nuestro centro, crear interferencias emocionales en nosotros y movernos fuera de balance. Es por ello que recordar cómo somos cuando nos sentimos a gusto y siendo nosotros mismos en otras relaciones es muy buen inicio para identificar aquello que queremos lograr en esta situación en específico.

Pregúntate, adentro y profundo, ¿qué quieres hacer? ¿Cómo quieres actuar? ¿Cuál sería la solución para ti, el resultado que deseas para el conflicto o situación que estas viviendo? ¿Qué podrías hacer diferente para lograr eso que deseas? Reflexiona sobre tus propósitos, aquello que deseas lograr. Es muy probable que sean más de uno, escríbelos en orden de importancia para ti.

Lo más común es que muchas veces no tenemos claro lo que queremos. Cuando aún no sabes exactamente lo que quieres, casi siempre sabes y tienes muy claro lo que no quieres. Este siempre puede ser un buen referente, saber aquello que deseas evitar, que no quieres para ti, ni que suceda en tu vida, por lo que tomar acciones para prevenirlo es igualmente válido y eficaz.

Una vez que puedes identificar el final deseado, el estado de la relación a donde deseas llegar, puedes comenzar a explorar los caminos para llegar allí. Cuáles son tus fortalezcas, cualidades y talentos que te van a ayudar a lograr lo que deseas y que estos te sirvan de apoyo y guía. Úsalos. Del mismo modo, considera las diferentes opciones y la mejor manera para lograr aquello que quieres. Muchas veces resulta muy útil para alcanzar lo que queremos comenzar con el final en mente, para encaminar nuestros pasos en esa dirección.

Procura identificar al menos tres opciones diferentes de cómo hacerlo, te sorprenderás de tu creatividad para encontrar soluciones. Ahora, piensa en el efecto que podrían tener estas acciones, las consecuencias probables de cada una de ellas. Cuál sería la más efectiva, la que mejor te garantice que logres el resultado que deseas. Tú eres la persona mejor informada sobre el efecto que podrían tener en ti, en el otro y para la relación cada una de las opciones que consideres como solución, porque tú has vivido dentro de la relación y tienes experiencias pasadas para poder anticipar su resultado.

Escoge aquella acción o acciones que mejor te ayuden a lograr lo que deseas y ponlas en práctica. Si el resultado no es el esperado siempre puedes reorientar la brújula y corregir el rumbo hasta que poco a poco, haciendo camino al andar como nos enseñó el poeta, logres aquello que deseas.

Cada experiencia es una oportunidad para aprender y crecer. Detrás de cada vivencia y relación en nuestra vida hay una lección importante y necesaria para nosotros. Incluso aquellas personas con las que tenemos una relación muy difícil y complicada tienen un propósito en nuestra vida, existe una razón por la cual ellas están presentes en nuestra vida. Se trata de encontrar la lección detrás de la persona y de lo que nos sucede. Vivir esta experiencia como una oportunidad de aprendizaje para crecer y avanzar en el camino hacia nuestro crecimiento personal.

Esas situaciones que vivimos en la cual tenemos que tomar decisiones importantes sobre nosotros y nuestras relaciones, son una oportunidad para poner límites saludables y asumir la responsabilidad con nosotros y aquello que deseamos lograr. Una de las mejores ocasiones para hacer el bien, entregar lo mejor y ayudar a los demás se presenta cuando nos hacemos responsables de nuestra vida y nuestro bienestar, a la vez que ofrecemos al otro igual oportunidad para hacer lo mismo.

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