¿Desde dónde nos relacionamos?

En las sociedades occidentales aprendimos a relacionarnos desde la carencia, buscando afuera lo que creemos nos falta. Así nos creímos el cuento de la media naranja, donde un otro nos completa. Nos lo enseñaron las películas, las novelas, las series de televisión, las canciones y baladas que romantizan la dependencia emocional. Nos hicieron creer que la felicidad viene de afuera y hasta soñamos con el príncipe azul.

Cuando nos relacionamos desde la carencia, de igual manera se instaura en nuestra vida el miedo permanente a perder eso que hemos decidido creer es la fuente de nuestro bienestar. De este modo, nuestros vínculos se construyen desde el apego que según señalan los budistas es la principal fuente de sufrimiento.

Se trata de redefinir nuestros vínculos desde la certeza de que el amor es un espacio para crecer y compartir, que construimos desde la libertad de elegir y no desde la necesidad y la dependencia a otro. Porque cuando uno necesita ya no elige y el miedo a perder esa felicidad que has puesto afuera de ti, en tu pareja, es una carga muy dura de sostener y nos causa mucho sufrimiento.

Debemos recordar que una relación siempre es de dos por lo que una sola parte nunca será la responsable del estado de la relación. Lo que el otro decida hacer con su mitad del puente para bien o para mal no es nuestra responsabilidad. Sólo somos responsables de lo que hacemos nosotros. Si el otro decide alejarse, ausentarse, enojarse, mentir o salirse de la relación, esa es su decisión y no somos responsables de los actos de los demás, únicamente de los propios. Hay que aprender a dejar de sentirnos culpables por lo que hace otro.

En realidad, uno nunca pierde a nada ni a nadie en esta vida pues nada se termina solamente se transforma. Cuando asumimos el sentido de temporalidad de todo en esta vida, aprendemos a vivir en el presente, valorando y agradeciendo lo que es. Se acrecienta el disfrute en el ahora, aprendemos de la experiencia e incluso en las peores circunstancias todo resulta mucho más llevadero.

Se trata de aprender que uno se relaciona desde la plenitud y el disfrute, para compartir todo lo que somos sin necesitar que otro me complete o me entregue aquello que necesito. Porque reconozco capaz, quiero y puedo entregármelo yo, porque me asumo protagonista de mi vida y hacedora de mi felicidad.

El apego y las expectativas nos generan mucho sufrimiento, ambos parten de creencias erróneas y limitantes que sabotean nuestro bienestar y nuestra autoestima. Acá aparece ese concepto imprescindible que es la pareja interna. Para ello debemos observar y reconocer cómo es la relación que tengo conmigo, cómo me hablo, qué me digo, si me critico, me juzgo, me saboteo, me acepto, me felicito, me cuido y me mimo. Se trata de hacer consciente mi dialogo interior y su impacto en mi bienestar.

A partir de este nuevo espacio de conciencia, vamos a reconstruir el vínculo con nosotros mismos desde la aceptación de todo lo que me gusta y no me gusta de mí. Sin juicios y con profunda compasión que nos es otra cosa que comprendernos sin juzgar. Reconocer mis necesidades y elegir cómo, cuándo y con quién voy a satisfacerlas. Aprender a transitar las emociones y gestionar mis vacíos desde la certeza del “yo puedo” que es la base de la autoestima. El “yo puedo” tiene diferentes dimensiones: yo puedo sola, yo puedo aprender, yo puedo pedir ayuda, yo puedo delegar. Comenzar a hace uso de todas sus variantes porque desde el “yo puedo” me siento capaz y se cultiva la confianza básica que es una cualidad imprescindible para caminar por la vida.

Una vez que hemos creado la pareja interna, nos relacionamos con el mundo desde la plenitud y con la libertad de elegir. Aprendemos a disfrutar de la propia compañía y dejamos de depender. Ya no nos sentirnos solos. Asumimos que somos creadores de nuestro bienestar y nuestra felicidad comprendiendo que nadie me va a querer cómo me quiero yo, que nadie me va a cuidar cómo me cuido yo, que nadie me va a respetar cómo me respeto yo, que nadie me va a mimar cómo me mimo yo.

Y si todo lo anterior viniese también de afuera, pues será dos veces bueno porque tengo la garantía de que me lo he entregado primero yo. Recibo el amor, el cuidado, el apoyo, el mimo y la compañía que viene de afuera con gratitud y sin depender de esto para sentirme bien, simplemente reconociendo que suma a mi bienestar.

Se trata de salir al mundo a comer sin hambre, eligiendo alimentarme de lo que me hace bien. Uno tiene el poder de elegir de qué se quiere nutrir. Elige alimentarte de todo lo que sume a tu luz y tu bienestar, evita aquello que sabotea tu paz. El autocuidado parte por observar para luego poder elegir cómo me quiero nutrir, todo aquello que incorporo a mi vida a través de los sentidos y los lentes con los que miro e interpreto lo que ocurre afuera.

Es importante reconocer nuestras creencias limitantes, los condicionamientos familiares y sociales y aquellos mandatos externos que sabotean nuestro bienestar. Procuremos construir vínculos sanos reconociéndonos completos y capaces, con el propósito de compartir y nunca desde la carencia. Aprendamos a relacionarnos por placer y por disfrute para compartir sin depender. Liberarnos de la dependencia emocional es uno de los mejores regalos que podemos hacernos en esta vida, para viajar más ligeros y ser un poco más felices.

Para fortalecer la confianza en ti.

La confianza es el antídoto del miedo. Tu necesidad de seguridad se satisface cuando desarrollas la confianza en ti y en el proceso de la vida. Esta confianza básica es lo que va a permitir que te sientas segura o seguro.

Está comprobado a través de la neurociencia que el miedo y la confianza utilizan la misma vía neurología en nuestro cerebro. Esta vía la puedes usar para experimentar el miedo o la confianza, pero sólo una de ellas podrá utilizar esta vía, nunca las dos al mismo tiempo. Conlleva un trabajo personal hacer consciente este nuevo conocimiento para decidir usar esta vía neurológica para experimentar y desarrollar la confianza en ti. Se trata de hacer consciente aquello que deseas cambiar para practicarlo y practicarlo hasta que lo logres.

El autoconocimiento te permite reconocer tus capacidades para establecer metas realistas en las diferentes áreas de tu vida. Cuando logras alcanzar esas metas por pequeñas que sean, sentirás esa sensación de logro que alimenta la motivación que necesitas para fortalecer la confianza en ti y dar el siguiente paso. A su vez, a través del autoconocimiento recibes el gran regalo de aceptarte a ti mismo sin juicios ni críticas que es la base del amor propio.

Del mismo modo, el autoconocimiento nos permite identificar nuestros límites para saber que quiero y que no quiero, establecer nuestros límites en las relaciones nos permite decir “no” sin miedo a que el otro se enoje y dejar de sentirnos culpables por no complacer al pedido externo o no cumplir con las expectativas y deseos de los demás.

La confianza se siente cuando te sabes capaz de encontrar soluciones a los retos del camino, usando tus recursos internos y externos, con el deseo genuino de aprender de la experiencia y beneficiarte de lo sucedido, al hacer consciente sus lecciones para usarlas. Reconociendo con humildad que hay muchas cosas que no sabemos y rescatando la motivación por aprenderlas. La confianza se expresa en nuestra capacidad de adaptación y flexibilidad para responder a las situaciones que se nos presenten en el camino, en el “yo puedo”. Practicando la pausa antes de responder a lo que acontece afuera.

Uno de los recursos internos imprescindible para cultivar la confianza en uno mismo es conectar con tu guía interior. Para ello debes regalarte tiempo para estar contigo y escuchar tus respuestas y tus razones, personales y únicas que te sostendrán y guiaran para tomar tus propias decisiones, aquellas que te representan, resuenan contigo y expresan lo que tú quieres. Sin miedo a equivocarnos pues evolucionar trae implícito equivocarse. Es imposible aprender sin cometer errores, aprender y equivocarse son las dos caras de una misma moneda. Siempre que puedas aprender la lección que hay detrás de cada experiencia, los errores se trasforman en enseñanzas valiosas y necesarias para continuar creando tu experiencia de vida.

Llegamos a este mundo con todo lo que necesitamos dentro de nosotros para transitar de la mejor manera este camino al que llamamos vida. Todo lo que necesitas está dentro de ti ahora, son semillas en tu interior por cultivar. Algunas han germinado ya como resultado de todo cuanto has vivido, otras debes identificarlas para comenzar a regarlas y atenderlas para que crezcan. Es importante cultivar aquello que deseas crezca y florezca en tu jardín personal.

Otro aspecto importante para fortalecer la confianza en ti es mantener un enfoque realista lo cual significa aceptar la realidad para sacar el mejor provecho de ella. La aceptación es un acto valiente donde decido asumir y ocuparme de mi bienestar para seguir adelante, lograr lo que deseo disfrutando del proceso, un día a la vez. A la vez, enfocarnos en el proceso más que en el resultado ya que existen múltiples variables que escapan a nuestro control e influyen en el resultado. Es el proceso lo que está en nuestras manos, pongamos nuestra atención en lo que depende de nosotros.

Un ejercicio práctico y muy eficaz para calmar la ansiedad es conectarte con el momento presente, para ello debes poner toda tu atención en la respiración. Inhala y exhala hasta que te sientas en paz. Dirige luego tu atención hacia tu corazón, inhalando y exhalando, escucha sus latidos y quédate allí respirando con él.

Se trata de encontrar nuestro acomodo y bienestar en una realidad cambiante a través de cultivar la confianza en uno mismo. También practicar la gratitud que nos permite disfrutar del presente y valorar todo lo que tenemos. Vinimos a esta vida a estar y a sentirnos bien, a ser felices. La felicidad es un estado de paz y satisfacción interior con uno y con la vida. Tienes el don de la alegría, el disfrute, la felicidad y la gratitud para recorrer el camino de la vida. Usa tus dones para crear la vida que deseas.

Hay que dejar ir a quien no hace nada para quedarse.

Tendemos a culparnos cuando la relación no funciona porque tenemos la creencia errónea de que somos responsables del estado de la relación. Y eso no es cierto porque una relación siempre es de dos, por más que te desvivas sólo llegas hasta la mitad, la otra mitad y sus decisiones para bien o para mal no dependen de nosotros. Y si no dependen de nosotros, no somos responsables. Sólo podemos ser responsables de nuestra mitad y de lo que hacemos con ella. Y es ahí donde debemos enfocarnos y agradecer por no tener en nuestra vida a quien no le interesa estar. Y si el otro no quiere, no puede o no le importa y eso es lo que decide y actúa, no es mi responsabilidad. No tengo por qué sentirme culpable de las decisiones y lo que hacen o no los demás. Nuestra responsabilidad es cuidar de nosotros en el sentido más amplio. Amarnos más y dejar de criticarnos.

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Foto: Jorge A. Calderón

Aceptar no es resignarse.

Resignarse es una actitud conformista y pasiva que alimenta el resentimiento y la desesperanza. La aceptación es dejar de pelearnos con la realidad para sacar el mejor provecho de la situación incluso cuando no estemos de acuerdo, ni aprobemos los sucedido. Es la capacidad de aprender de la experiencia, la relación y tus circunstancias. Es crecer para evolucionar a un nuevo nivel de conciencia e implica un trabajo personal, de voluntad por elección. Lo más fácil es resignarse pues es un acto pasivo que no representa ningún esfuerzo mientras que la aceptación implica voluntad para desarrollar la resiliencia, aprender, crecer y sacar el mejor provecho de la realidad.

Foto: Jorge A. Calderón

Darnos permiso para sentir.

Lo más saludable que puedes hacer es darte el permiso para experimentar todos tus sentimientos, emociones e impulsos. Porque sentir no es lo mismo que actuar. Uno descubre lo que siente y decide sus acciones. Entre sentir y actuar hay una pausa, ahí reside tu poder y tu consciencia, úsa esa pausa!
Cuando tengas sentimientos o emociones que te provocan malestar, incomodidad o que simplemente no quieras sentir, permítete experimentarlos en lugar de rechazarlos. Dale la bienvenida a eso que estás sintiendo, reconócelo, habla con él, pregúntale, qué me vienes a enseñar? Agradécele cómo el maestro que es porque viene a entregarte algo que necesitas para sanar y crecer adentro.
El impulso está demostrado que dura entre 20 y 30 segundos, déjalo estar contigo, respíralo durante ese tiempo, sin rechazarlo, habla con él, dile hola, acá eres bienvenido, está bien para mi que estés aquí, preguntánle, qué me vienes a enseñar?
Cuando rechazamos lo que sentimos o nuestros impulsos, lo que experimentamos entonces no es la emoción sino el rechazo y su respuesta neurología es más cortisol y adrenalina en nuestro cerebro lo que de manera crónica nos enferma física y mentalmente. Y eso que rechazas y quieres evitar aparecerá nuevamente porque lo que resistes, persiste.
Permitirte experimentar lo que sientes es crear un patrón de salud. Cuando respires para experimentar tus impulsos dirige tu atención hacia los nuevos hábitos que deseas crear, tus razones para elegir esos nuevos hábitos y el beneficio de hacerlo. Pon tu atención en lo que desear lograr o crear y evita el rechazo o la reprensión interna que nos enferma. El palabras de Jung, lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.
Date el permiso de experimentar todo lo que sientes para avanzar en tu proceso de crecimiento personal con aceptación y flexibilidad, sin juicios, con el genuino deseo de aprender para crecer, para vivir mejor.
#bettilifecoach

Foto: Jorge A. Calderón

Cómo manejar la ansiedad?

La ansiedad es un síntoma no es la causa, su origen es la inseguridad. La verdadera solución está en trabajar en la causa del problema y no en combatir su manifestación externa: la ansiedad. Cuando solucionamos el origen, el síntoma si no desaparece al menos se minimiza. Para las personas que padecen de ansiedad por su tipo de personalidad, su necesidad básica es tener seguridad. Para satisfacer su necesidad de seguridad deben fortalecer la confianza en sí mismos y en el proceso de la vida, conectando con su guía interior para descubrir su propio camino, desde la certeza de que uno puede y es capaz de encontrar soluciones y superar las situaciones difíciles en la vida. Porque en esta vida todo tiene solución, todo pasa y todo son aprendizajes necesarios para evolucionar hacia un nuevo nivel de consciencia.

Se trata de dejar de buscar satisfacer nuestra necesidad de seguridad en el exterior porque el exterior se encuentra en constante cambio y transformación. Casi nada de lo que ocurre afuera depende de uno puesto que existen múltiples variables que escapan a nuestro control y no dependen de uno. Lo único que está en nuestro control es poder practicar la pausa para decidir cómo vamos a responder a lo ocurrido. Para ello, debemos desarrollar la confianza en uno mismo para responder de manera asertiva a las situaciones que se presenten en nuestro entorno. Entre el estímulo y la respuesta haya un espacio, allí está la pausa que te permite dejar de reaccionar y comenzar a responder desde otro nivel de conciencia. Practica la pausa.

Donde pones tu atención crece pues la atención es energía y le estas entregando energía a lo que deseas eliminar, logrando el efecto contrario. Lo que resistes, persiste. Lo primero es dejar de poner resistencia a lo que no me gusta o quiero cambiar, aceptarlo, abrazarlo y fluir con esa realidad que nos sirve de brújula y recordatorio para reorientar nuestra atención a lo que quiero lograr. En lugar de combatir la ansiedad, se trata de practicar la confianza, creer en ti, conectar con tu guía interior, tu intuición y sabiduría, contigo adentro, estar completamente presente en el aquí y el ahora. Hazte consciente de tu respiración, inhala y exhala para conectar con el momento presente. Se trata de poner tu atención, intención y energía en construir lo que queremos lograr en lugar de resistir lo que no queremos.

¿Qué significa conectar con tu guía interior? Confiar en ti. Saber qué quieres y qué no quieres, cuál es tu opinión, cómo lo ves tú, qué piensas tú al respecto, qué es importante para ti, qué depende de mi. Para saber todo esto necesitas pasar tiempo contigo, para conocerte y encontrar tus respuestas. Nuestra vida se construye en base a las decisiones que vamos tomando en el camino.  Entre aciertos y equivocaciones vamos creando nuestra experiencia de vida. Prefiero equivocarme haciendo aquello que yo creo, que haciendo lo que me dice otro. Porque seré yo quien viva las consecuencias. Es muy válido y sabio escuchar otras opiniones y conocer otras experiencias sin perder de vista que es solo eso, una opinión, no es la verdad. Una vez que consideres diferentes perspectivas y opciones, regálate tiempo para estar contigo y que tus decisiones representen aquello que tú crees y lo que tú quieres. Sin miedo a equivocarnos, pues no existen errores solo lecciones y estas se repiten hasta que nos las aprendemos Evolucionar implica equivocarse.

Todos llegamos a este mundo con las semillitas en nuestro interior de todas las cualidades que necesitamos para crear nuestra mejor experiencia de vida. Se trata de identificar las semillas que quieres cultivar, regándola todos los días, poniéndole tu atención, practicar y practicar para que crezca.

En esta vida la única garantía que tenemos es a nosotros mismos y nuestra certeza de saber que independientemente de lo que ocurra afuera podremos encontrar la manera de estar bien, aprender y crecer con cada experiencia. Tenemos la capacidad de resiliencia que nos permite superar las adversidades, recuperarnos, aprender y salir fortalecidos de las experiencias difíciles y dolorosas de la vida. Es importante, dejar de criticarnos y juzgarnos y en su lugar, comenzar a cultivar aquello que deseamos que crezca en nuestro jardín. Hacernos responsables de desarrollar aquellas cualidades que deseamos tener para satisfacer nuestra necesidad de seguridad.

Foto: Jorge A. Calderón.

Cada quien construye su mitad del puente.

Una relación siempre es de dos, y por lo mismo, ambas partes son responsables del estado de la relación. No se trata de repartir culpas cuando alguna de las partes no se siente a gusto en la relación pues lo bueno, lo malo, lo feo o lo bonito toca a partes iguales. Ambos son responsables de trabajar por la relación y crear ese espacio común donde lo positivo de uno y del otro sea posible.

El autoconocimiento es uno de los puntos de partida en el camino del crecimiento personal. En la medida que logro separar mi proceso de los otros, puedo reconocer cómo soy y cómo son los demás. Es importarte entender que nuestro comportamiento está determinado por el tipo de personalidad, el entorno en el que crecimos y nuestro nivel conciencia. Esto ultimo resulta decisivo en la conducta humana, pues una persona con un tipo de personalidad determinada se comportará de manera muy diferente según sea su nivel de conciencia, lo cual a su vez expresa su nivel de salud dentro de su tipo de personalidad.

Cada tipo de personalidad tiene una manera diferente de interpretar lo que ocurre y participar de la vida, cada tipo de personalidad usa lentes diferentes para mirar la vida y tiene una necesidad básica predominante. Todos, de manera consiente o no, buscamos satisfacer nuestras necesidades a través de nuestro comportamiento y nuestras decisiones.

Resulta importante recordar que los demás no están en contra tuyo, si no que están a favor de ellos. De la manera que el otro se comporta en la relación, nos indica cómo es esa persona, cuáles son sus necesidad y valores. No te lo esta haciendo a ti, está simplemente siendo él o ella. Por más que le intentes, le muevas y le hagas para que la lechuza despierte, esta no abrirá el ojo hasta que caiga la noche. Y así, el elefante aplasta, el león ruge, la jirafa se pierde por el eucalipto y el pez te moja. Cada uno está siendo él o ella. El pez no te salpica para molestarte, simplemente es pez y no tiene otra manera de ser y estar que no sea mojado.

En el momento en que puedes ver a los otros como son, sabrás que esperar, dejaras de engancharte y de pedir peras al olmo. Se abrirá un espacio de comprensión y entendimiento en el cual lo que haga el otro tendrá un menor impacto emocional para ti.

Mas allá de cuánto te quieren, se trata de comprender que cada uno quiere y se relaciona a través de su tipo de personalidad. Muchas veces no es que la otra parte no te quiera, si no que expresa su afecto a través de la persona que es. En algunas situaciones su manera de comportarse puede ser interpretada como desamor. No todos los tipos de personalidad su necesidad predominante es afectiva o emocional, por eso son menos expresivos o afectuosos, mas distante, puede ser que su necesidad predominante sea de seguridad por lo que buscan en sus relaciones sentir que tienen el control, que la relación se establezca bajo sus condiciones y de esta manera satisfacer su necesidad de seguridad.

Los otros siempre nos dicen como son, sólo que lo interpretamos a través de cómo somo nosotros y por eso no lo comprendemos o lo idealizamos. Cuantas veces nos descubrimos esperando que los otros actúen y se comporten de manera similar a como lo haríamos nosotros en esa situación. Y así nos encontramos a medio camino entre la realidad y lo que nos gustaría que fuera, esa distancia entre mi idea y la realidad se nos llena de desilusión y frustraciones.

Pelearse con la realidad genera mucho sufrimiento por eso es tan importante tener un enfoque realista en nuestras relaciones y poder ver a los otros cómo son, para construir nuestras relaciones tomando en cuanta cómo es la otra mitad. Por mucho que te desvivas sólo llegaras hasta tu mitad, la otra mitad de la relación no es tus manos ni depende de ti y será construida a su manera por la otra parte.

Del mismo existen diferentes tipos y niveles de relación en cada área de la vida: familiar, social, laboral y demás. Una vez que podemos ver a los otros y conocer cómo son, estaremos en mejores condiciones para decidir el nivel de cercanía o distancia para cada relación y el tipo de vínculo que deseas crear. Se trata de construir nuestras relaciones tomando conciencia de nuestra mitad, eligiendo y trabajando por crear nuestra parte de la manera que mejor nos represente y exprese cómo somos, entregando lo mejor de nosotros mismo porque ahí reside nuestra satisfacción. Al comprender que nuestras acciones nos definen y uno tiene el poder de elegir desde un nuevo nivel de conciencia cómo quiere que sea su mitad. Al mismo tiempo que dejar de sentirnos responsables o culpables por lo que decidan hacer los otros con su mitad. Cada quien va contruyendo su mitad del puente a su imagen y semejanza. Procuperemos mantener un enfoque realista minimizando las expectativas y tomando en cuenta cómo es el otro para saber qué esperar, siendo realistas y sin sentirnos culpables.

Pasando de las expectativas a la intención.

Existen dos enfoques para acercase y participar de la vida. El primero es tomando en cuenta la realidad y el segundo es desde nuestra idealización.

Cuando nos acercamos a la vida con una postura realista, deseamos ver la realidad tal y como es, lo menos distorsionada o influenciada por nuestro deseos. Aceptamos la realidad cual se nos presenta e intentamos adaptarnos a lo que esta nos ofrece, descubriendo y aprendiendo lo que la realidad, a través de las circunstancias, experiencia o personas, nos entrega. Este enfoque requiere poner distancia y fortalecer nuestro observador para adquirir la información necesaria que nos permita tomar buenas decisiones, esas que contribuyen a nuestro bienestar y están en sintonía con lo que queremos.

Cuando participamos de la vida a través de nuestra idealización, tenemos muchas probabilidades de frustrarnos y decepcionarnos cada vez que la realidad no se corresponda con lo que debería ser o nos gustaría que fuera. Existen contadas ocasiones en las cuales la realidad coincide exactamente con lo que hemos imaginado pues las ideas son eso, ideas o pensamientos creados por nosotros desde la imaginación.

La realidad nos guste o no, es la que es y termina por imponerse por más que deseemos que sea diferente, estos despertares se presentan como golpes de realidad y nos conducen a un reajuste emocional entre nuestro deseos y la realidad. Cuando una prueba de realidad nos hace darnos cuentas del desfase o distancia entre nuestro ideal y lo que en realidad es, sentimos mucha tristeza y desilusión, por lo que necesitamos un tiempo para procesar lo ocurrido y adecuarnos a la nueva realidad.

Pelearse con la realidad genera mucho sufrimiento por eso resulta tan importante incorporar una dosis de realismo a nuestra mirada para poder ver y aceptar la realidad tal y como se presenta, para sacar el mejor provecho de lo que nos ofrece.

El enfoque idealizado casi siempre está cargado de expectativas y como ya sabemos, de la mano de las expectativas llegan las desilusiones. Resulta más conveniente y beneficioso cambiar nuestras expectativas por la intención.

Existen diferencias significativas entre las expectativas y la intención.

Desde las expectativas, ponemos toda la atención en el resultado y objetivo a lograr. La meta a alcanzar es lo más importante. La intención distribuye la atención, tomando en cuenta también al proceso, haciéndonos conscientes del “para qué” o propósito de ese camino, qué deseo lograr con lo que estoy haciendo, va más allá del resultado final. Se valoran y reconocen los logros por pequeños o rutinarios que nos parezcan en cada paso del camino, en función de lo que aprendemos y su repercusión en nuestro desarrollo personal. El proceso es igual de importante que el resultado final.

Las expectativas tienden a ser rígidas y poco flexibles, la intención nos permite adaptarnos a lo que va ocurriendo en la medida que avanzamos en esa dirección.

Mientras la expectativas generan apegos, la intención marca una dirección en la que nos abrimos a considerar otras opciones y posibilidades para lograr el resultado deseado.

Una vez que reconocemos las diferencias entre expectativas e intención y la repercusión que ambas tienen en nuestro bienestar, estaremos mucho mejor preparados para modificar nuestra manera de acercamos y participar de la vida, estableciendo la intención como faro y guía para lograr aquello que deseamos y disfrutar de cada paso en el camino.

Qué es la espiritualidad?

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Cuando me preguntan qué es para mí la espiritualidad, la respuesta se me presenta en una palabra: conexión.

La espiritualidad es ese vínculo interior que descubrimos y vivimos con uno mismo, con los otros, en nuestro entorno y con aquello en lo que crees; llámese la fuente, Dios, inteligencia divina, poder supremo entre muchas otras y variadas denominaciones.

Representa la conexión interior, profunda e infinita que trasciende al mundo de las formas y la apariencia, que nos conecta a la esencia de lo que somos y todo lo que existe. Una vez constatada nuestra experiencia en el mundo material, nuestra sabiduría interior logra traspasar esta dimensión física, reconociendo una esencia común que nos permite vivir la experiencia del mundo espiritual, unidos en la esencia de todo lo que existe. Es por ello que nada se termina y todo se transforma. Del mismo modo que todo cambia en el mundo material y la dimensión física de la existencia; en la dimensión espiritual de la vida todo es eterno y para siempre, porque la esencia es permanente e infinita.

Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana. Se trata de creer para poderlo ver. Se mira con los ojos pero se ve con el alma. Esto es la espiritualidad. Reconocer y vivir nuestra esencia divina. Encuentra tu luz interior que te conecta a la fuente infinita de amor, paz, sabiduría y energía, para que puedas verte, a ti y a los otros, para recorrer desde la luminosidad este camino de aprendizaje llamado vida.

Una vez que descubres este vínculo interior con tu Ser y esencia, cambia la manera en que percibes todo lo que te rodea y cuanto acontece, estrenas lentes nuevos para mirar la vida, te reconoces en otra forma de pensar y sentir. Como resultado de esta evolución hacia otro nivel de conciencia, se modifica para bien nuestro comportamiento. Y bajo la nueva luz de la existencia, creas tu experiencia de vida desde el vínculo con tu esencia que representa la extensión de la fuente espiritual, desde donde tu verdadera naturaleza nace, se nutre y vive.

Las bondades de la neuroplasticidad.

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Nuestra vida transcurre como una sucesión de eventos, situaciones, circunstancias y experiencias en sus diferentes ámbitos: personal, familiar, de pareja, con amigos, profesional, entre otros. A lo largo de la misma transitamos diferentes etapas : infancia, adolescencia, juventud y como adultos. Y en este fluir continuo, cada uno de nosotros va creando su experiencia de vida a través de sus acciones y decisiones.

Cada quien interpreta y procesa las experiencias vividas de acuerdo a su tipo de personalidad y su nivel de conciencia, lo cual determina cómo percibimos y reaccionamos ante nuestro entorno y lo que acontece. Esa manera única y personal de interpretar la realidad y cuanto sucede en ella, conforma nuestros pensamientos, modelos mentales y creencias, los cuales a su vez nos provocan emociones y sentimientos,  del mismo modo que determinan nuestro comportamiento.

Cada quien tiene, según su tipo de personalidad y su nivel de conciencia, una manera propia de pensar, sentir y actuar, a partir de la cual crea su experiencia de vida. A su vez, cada uno hace uso, ya sea de manera consciente o aún no, de las diferentes cualidades, habilidades y conocimientos para satisfacer sus necesidades y lograr lo que desea en cada una de la etapas por las cuales transcurre su vida.

Todos poseemos cualidades que practicamos a diario de manera espontánea y casi por instinto, sin detenernos a pensar en ellas porque son rasgos intrínsecos de nuestro tipo de personalidad y expresan cómo somos. Sin embargo, también hay cualidades necesarias e importantes para la vida que nos damos cuenta que no aún no hemos desarrollado y nos gustaría contar con ellas.

Las cualidades y habilidades son como un músculo y las puedes desarrollar si así lo decides, sólo necesitas identificarlas, proponértelo y practicarlas cada día y en cada oportunidad que la vida te ofrece para hacerlo. Se trata de estar atento cuando se presente esa oportunidad en la cual puedes practicar la cualidad que deseas desarrollar. Practicar y practicar hasta que lo logres.

Cualidades hay muchas y de muchos tipos: la empatía, la paciencia, la perseverancia, la concentración, la generosidad, la atención, la autoestima, el entusiasmo, la compasión, la buena memoria, escuchar, observar, la consideración, la gratitud, el sentido del humor, sólo por mencionar alguna de ellas.

Que no hayamos desarrollado de manera natural una cualidad no nos condena de por vida a carecer de ella. A raíz del desarrollo de las neurociencias, se ha demostrado que no únicamente nuestro cerebro determina cómo somos, si no que nosotros podemos modificar al cerebro, creando las conexiones y circuitos neuronales que nos permiten desarrollar esas cualidades y habilidades que deseamos poseer, para actuar de la manera que elijas ante determinadas situaciones.

Esta capacidad del cerebro para cambiar constantemente, crecer y desarrollarse a lo largo de toda la vida, es lo que se conoce como la neuroplasticidad. Nuestro cerebro el moldeable, en constante evolución y capaz de regenerarse y re-crearse ante estímulos externos e internos para hacer frente a nueva información y situaciones.

Uno tiene el poder de entrenar a su cerebro, modificar su estructura y crear nuevos circuitos, es lo que también conocemos como crear un hábito. Esto se logra a través de la práctica y haciéndolo consciente, ejercitando la pausa para desarrollar aquellas cualidades que nos permitan ofrecer la respuesta que deseamos. Para dejar de reaccionar y comenzar a responder.

Resulta maravilloso y muy esperanzador saber que no tenemos que resignarnos a repetirnos en comportamientos que nos alejan de nuestro bienestar y nos impiden que logremos aquello que deseamos. No estamos condenados a ser de una única manera. Tan importante o más que saber cómo eres, es saber cómo quieres ser, para convertirte en la persona que tú elijas ser. Cuentas con ese poder dentro ti, úsalo. Tienes el poder de cambiar para ser cómo tú lo decidas y desarrollar aquellas cualidades que deseas tener para vivir mejor.

Cómo saber que necesitas desarrollar determinada cualidad? Cuando ante una situación recurrente no has logrado el resultado que deseas, puedes evaluar cómo has contribuido tú a esa situación o al resultado obtenido. Comienza por preguntarte: qué podría haber hecho diferente? Qué cualidad o habilidad me ayudaría a lograr aquello que deseo? Qué debo tomar en cuenta para lograrlo? Qué depende de mi? Qué es posible? Si no tienes las respuestas no te preocupes, la vida se encargará de que las recibas a su debido tiempo.

Tan importante como tener las respuestas es el proceso de reflexión que se desencadena una vez que te has planteado la pregunta. Cuando tengas contigo las preguntas, regálate tiempo y observa, dentro de ti y en tu entorno, pues a partir de ese momento se abre la puerta que te permitirá descubrir y comprender aquello que necesitas saber y desarrollar en aras de tu bienestar.

Las lecciones llegan cuando el alumno está listo, las descubrirás dentro de ti cuando sea el momento indicado. Dentro de ti habitan todas posibilidades para convertirte en la persona que elijas ser y de ti depende desarrollar el potencial con el que cuentas. Llegaste a este mundo con las capacidades que necesitas, se trata de poder verlas para desarrollarlas y utilizarlas, ponerlas en práctica para crear tu vida.