Darnos permiso.

Muchas veces nos resulta difícil regalarnos tiempo para nosotros, para disfrutar sin complejo de culpa de hacer simplemente lo que se nos antoja, para consentirnos y tratarnos bien, para satisfacer deseos sencillos y muy personales que simplemente no nos permitimos.

Cuántas veces en secreto agradecemos un catarro o alguna otra enfermedad menor y pasajera que nos permita quedarnos por más tiempo en la cama, delegar alguna tarea de la casa o de la familia que ese día sencillamente no deseamos realizar. Se trata de hacer una pausa en el andar para estar con nosotros.

Pareciera que tenemos que darnos permiso para tratarnos bien, para permitirnos hacer eso que deseamos y que a ojos de nuestra conciencia estricta y de lo que los otros pudieran opinar, nos parece inaceptable. Nos negamos esos momentos de bienestar y apapacho para con nosotros mismos porque el deber ser pesa un poco más sobre nuestra consciencia.

Hagamos el ejercicio imaginario que estás con alguien a quien quieres muchísimo y es muy importante en tu vida. Imaginemos que esta persona muy amada tiene deseos de quedarse ese día en casa o en su cama, en pijamas, tejiendo, leyendo, escuchando su música, en la tina, en la hamaca, inventando un postre, arreglando fotos, viendo una película, en fin, todo lo que se les pueda ocurrir sobre cómo consentirnos y pasarla bien. Nos parecería tan natural que lo hiciera, hasta la animaríamos a hacerlo, tendríamos tantas razones para convencerla de que se lo merece. Nos parecería muy bien y hasta lo justificaríamos con esa manera tan amorosa que tenemos para entender a las personas que amamos.

Aparentemente o al menos de palabra, todos parecemos muy convencidos de cuán importante somos para nosotros mismos y cuánto nos amamos. El amor propio es un tema fundamental e incuestionable en nuestras vidas. Sin embargo, nos cuesta tanto darnos permiso, tratarnos a nosotros de la manera en que lo haríamos con esa persona querida, que entiendes tan bien, procuras sin esfuerzo y conscientes de manera natural, sin juicios. Toda esa escena que antes imaginaste con esa persona tan querida e importante para ti, ahora intenta visualizarla y realizarla contigo. Para vivir y validar el amor en nuestra vida debemos comenzar por incluirnos.

Resulta muy sano ser coherentes, regalarnos amor y permisos para consentirnos cuando sea esto lo que queremos y lo podamos hacer. Procuremos encontrar el equilibro entre el deber ser y nuestros deseos para cultivar el gusto por la vida. Aprendamos a darnos permisos, porque a casi todos nos vendría muy bien querernos un poquito más y tratarnos mejor.

IMG_3416 (2)

 

Aceptar nuestro enojo.

El enojo es un sentimiento y como cualquier otro sentimiento, no está ni bien ni mal y ni guarda relación con juicio moral alguno. Los sentimientos son sólo eso, lo que sentimos. No existe “bien o mal” en nuestros sentimientos, sólo en nuestras acciones y en nuestro comportamiento, en función del impacto que esto tiene para uno mismo y para quienes nos rodean.

Desde pequeños, en especial a las niñas, nos hicieron saber, creer y sentir de muchas maneras que enojarse estaba mal. Muchas de nosotras recordamos frases como: las niñas bonitas no se enojan, no te enojes que te ves fea, te enojas por todo, saca de ti a la niña mala… Y así crecimos, creyendo que enojarse estaba mal, representaba a una falta o un defecto en nosotras, por lo cual dejábamos de ser buenas o bonitas o más terrible aún, perdíamos la aprobación y el amor de las personas que queríamos. Nuestro enojo provocaba que dejáramos de sentirnos aceptadas y amadas.

Sin darnos cuenta comenzamos a reprimir o a negar nuestro enojo. Pero los sentimientos como los problemas no desaparecen porque uno no les preste atención, suele suceder todo lo contrario, por lo general crecen. Siguen ahí por más que nos empeñemos en mirar hacia otro lado.  El enojo que no queramos mirar hoy, lo tendremos que enfrentar más adelante y este suele salir en el peor momento o de la peor manera.

Recuerdo ahora una frase de alguno de esos griegos sabios que dice: cuando nos enojamos casi nunca es con la persona correcta, ni en el momento adecuado, ni en la justa medida. ¡Que cierto! Muchas veces desquitamos nuestro enojo y todas las frustraciones asociadas a este, con quien no tiene nada o muy poco que ver con su causa real. La cuerda siempre se rompe por el lado más débil y muchas veces actuamos nuestro enojo con quien no es.

Cuando te digan que no te enojes puedes explicar que estás en tu derecho de hacerlo y es tu deseo vivir tus sentimientos porque son parte importante de ti. Si es el otro quien tiene dificultades para lidiar y sobrellevar tu enojo, ese no es tu problema. No tienes que ser tú quien se reprima, deje de ser cómo eres y de sentir tus sentimientos para beneficio de los demás, para que los demás estén a gusto. Porque lo que nunca será saludable para ti es negar o reprimir tus sentimientos y vivir en función de cumplir con las expectativas que los otros se han formado sobre ti y cómo deberías ser.

Si estamos enojados, está muy bien sentirlo y validar ese sentimiento, es lo que nos mantiene emocionalmente sanos. Es muy saludable aprender a lidiar con nuestros enojos sin hacernos daño ni lastimar, ni a nosotros ni a los otros. Cuando aceptamos y entendemos nuestro enojo, estamos previniendo que este se endurezca y se transforme en resentimiento o barril de pólvora.

Resulta muy recomendable aprender a manejar el enojo de manera que sea beneficioso para nosotros y para nuestras relaciones. El enojo como cualquier sentimiento también tiene su lado positivo, sólo depende de cómo decidas encausarlo. El enojo es positivo cuando se transforma en motor, te pone en movimiento, te ayuda a establecer límites saludables para ti en tus relaciones y te provee la energía que necesitas para avanzar en la vida.

Escucha a tu enojo, él te está diciendo algo. Te está hablando de alguna necesidad, querencia o carencia no atendida. Te está diciendo qué quieres y qué necesitas, te está enseñando a ganar presencia y respeto en tu vida, a cuidarte y a ocuparte de ti.

Siente tu enojo, vívelo sin sentirte culpable, aprende de él, libéralo y libérate.

enojo

 

De Vuelta.

 

A Marisa Wagner, mas allá de Los Montes de la Loca…

Aquí estoy escribiendo estos poemas

con una alegría adolescente,

con una pasión conocida, vivida y olvidada

con esa urgencia que trae lo inevitable

sin quererme contener en lo que siento

venerando cada verso de tu libro

descubriendo fascinada que al leerte

me  desenterrabas sin saberlo los amores,

la memoria de mi Ser, mis sentimientos,

para encontrame otra vez conmigo, adentro

para salir de lo cotidiano de mi día

y  amarlo como aquel regalo nuevo

comprendiendo que al leerte despertabas

algo tuyo que siento como mío

una  esencia antigua  que renace

al escuchar sin buscarlo en el silencio

las palabras que recitas a lo lejos

desde ese manantial  de agua revuelta

que es toda tu vida y tus delirios

ese torrente tan tuyo de poemas

cotidianos, coloquiales, tan sentidos

provocando con la magia de tus versos

despertar con tu luz aquellas almas

que naufragan en el mar de los olvidos.

NinaSorolla

Las personas se conocen por sus acciones.

A lo largo de nuestra vida conocemos e interactuamos con diferentes personas que formar parte de nuestro entorno: la familia inmediata y la extendida, los chicos de la escuela, los colegas del trabajo, los vecinos, los amigos y todos aquellos que conforman nuestro grupo social. Conocer a los otros lleva tiempo, lo mismo que hacer amigos.

Aprendemos a conocer a los otros a través de sus acciones. Para ello bastará con detenernos a observar cómo nos tratan, cómo se comportan con nosotros y con los demás, escuchar sus opiniones y saber cómo piensan. Así, poco a poco, vamos aprendiendo cómo es cada persona para de este modo decidir si deseamos propiciar y fomentar la amistad. A través de lo que observamos, ganamos en conocimiento, afecto y confianza hacia el otro para reconocer si nos sentimos a gusto y cómodos en su compañía, si puedes ser tú mismo en esa relación.

En este proceso de acercamiento e interacción para conocer cómo es el otro, es muy saludable tomarse el tiempo que sea necesario para hacerlo sin prisas. Si la relación tiene futuro no hay necesidad de precipitarse y llegar anticipadamente a conclusiones porque tenemos muchas probabilidades de equivocarnos. Observa al otro y obsérvate tú, cómo te sientes cuando conversas con él o ella, cuando están juntos, cómo te trata, cuál es la dinámica entre ustedes, los dos partes participan por igual o te toca poner más. Una acción vale más que mil palabras, a las palabras se las lleva el viento y las acciones nos definen.

A veces nos relacionamos con personas que tienen la capacidad de hacernos sentir incómodos en la relación. Por alguna razón tenemos que modificar nuestra conducta para que la relación funcione, para ser aceptados o evitar conflictos. Nos sentimos exigidos porque el otro demanda más de nosotros o establece las condiciones para que se mantenga la relación. De manera inconsciente nos transformamos para complacer o adaptarnos al otro, cedemos a sus demandas para evitar que el otro se enoje o actuamos en función de satisfacer sus expectativas. Aunque este comportamiento suele producirse de manera inconsciente, al pasar un tiempo comienzas a reconocer en ti sensaciones que no puedes explicar, te resulta difícil decir que no, debes ser más cuidadoso para que el otro no se moleste o se sienta con lo que dices, casi siempre te toca cargar con la culpa y da igual lo que hagas, el problema eres tú.

Existen personas que nos hacen sentir así. No podemos evitarlo, no tenemos el control sobre nuestros sentimientos y es muy sano reconocer lo que sentimos, es la señal de alerta que necesitamos para tomar decisiones, para cuidar de nosotros y de nuestro bienestar emocional. La mejor parte es saber que en estas situaciones no estás desprotegido, siempre puedes dejar participar de esa relación, o poner distancia y mantener el menor contacto posible con esta persona.

Resulta muy recomendable poner tu atención en cómo te sientes en esa relación y con esa persona, es lo que se conoce como el método interno para conocer a los otros. Cuando estás en una relación donde tienes que modificar tu comportamiento en función de lo que el otro espera y a veces exige de ti, cuando la otra parte te hace sentir culpable cada vez que decides establecer tus limites o tomar tus propias decisiones, cuando no puedes expresar libremente tus opiniones porque el otro actúa a la defensiva, es muy probable que te encuentres atrapado en una relación con una persona tóxica. Se trata de darnos cuenta cuando estamos participando de una relación bajo una dinámica de manipulación y agresividad pasiva, donde las reacciones del otro suelen ser radicales y desproporcionadas con relación a los hechos.

Aquí quiero hacer mucho énfasis en aclarar que no me refiero únicamente a la relación de pareja, aplica para todas nuestras relaciones: con la familia, los amigos y todos aquellos que participan de nuestro entorno inmediato.

Por lo general, los otros casi siempre nos dicen quiénes son y cómo son, somos nosotros los que pretendemos ignorarlo y hacemos casi todo para no verlo. Nos enganchamos así en relaciones insanas donde nos desgastamos pretendiendo lo imposible. Los otros tienen su proceso, su tiempo y su historia. Nosotros sólo podemos ocuparnos del nuestro, para sentirnos bien con nosotros y con nuestra vida. Para ocuparnos de nuestro bienestar y cuidar de nuestra salud.

Se trata de escuchar a nuestras sensaciones, lo que nos dice nuestra intuición, lo que estamos sintiendo, ahí reside la sabiduría, es la voz de tu guía interior.  Tú no eliges lo que sientes en una relación, pero siempre puedes decidir si quieres o no participar en ella. Ese es tu poder, úsalo.

Amigos 2

 

Un poco de todo esto…en versos.

Esta semana quiero compartirles el primero de una serie de poemas nacidos durante este proceso de búsqueda y de reencuentro conmigo. Ellos llegaron de manera involuntaria y vestidos de la manera más simple para acompañarme durante este tramo del camino. Su único valor es sentimental y no guardan pretensión literaria alguna, digamos que son versos….muy libres, en toda la amplitud de la palabra. Son fruto de las enseñanzas y lecciones que me ha regalado la vida. Va para ustedes con la gratitud de siempre.

No quise esperar para comenzar a vivir.

De repente comenzaba  a darme cuenta

Con una lucidez inesperada

Que todo se veía diferente

Bajo la nueva luz de mi mirada

Entre el conocerse y el saber

Las relaciones y el mundo en que habitaba

Yo en los otros y los otros en mí

Ese ir y venir de las miradas

Ese afán por convivir y comprendernos

Las conversaciones de siempre recordadas

Ocupando pensamientos recurrentes

Y nuevas voces que allí se presentaban

Todo llegaba en forma de poemas nuevos

Comentados, conocidos, personales

Rescatados del olvido y los anhelos

Rebautizados con otras palabras

Todo era nuevo y antiguo

Cada intento, cada idea y mi sentir

Las certezas y la luz

que el camino señalaban

Como por derecho propio

De alma recién estrenada.

amanecer

Ningún puente se sostiene de un sólo lado.

Nuestras relaciones afectivas se construyen sobre cuatro pilares fundamentales: el amor, la comunicación, el respeto y la confianza. Cuando alguno de estos fundamentos esenciales y básicos de la relación desaparece, del mismo modo se deteriora la relación.

El amor es siempre el mismo y sólo cambia de nombre según sea la persona hacia quien va dirigido. Es por eso que hablamos de amor de madre, de hija, entre hermanos, de familia, de amigos y de pareja. El amor de pareja tiene además un componente adicional que lo hace único y diferente con relación a los otros tipos de amor: la atracción física, que también le llaman la química entre dos personas. Esta cualidad tan especial es lo que le confiere ese aire mágico que nos seduce y fascina, esa mezcla dulce de sentimientos y deseo que no podemos explicar y sólo quienes lo han vivido pueden comprenderlo.

Uno de los componentes más frágiles en cualquier relación es la confianza. La confianza es como un cristal muy delicado, una vez que se quiebra es muy difícil repararlo y aun cuando lo logremos, siempre se verán las grietas que debilitan y lastiman la relación. La confianza se gana, depende del otro que confiemos o no en él o ella, es el otro a través de sus acciones quien se hace merecedor o no de nuestra confianza. Cuando entregamos nuestra confianza a otra persona, debemos hacerle saber que tiene en sus manos algo muy valioso e importante, por lo que deberá poner el mayor empeño y cuidado para protegerla.

Una relación es de dos, bidireccional, de ida y vuelta en la dinámica de dar y recibir. A veces nos volcamos completamente en mantener y alimentar una relación sin darnos cuenta que no sólo estamos haciendo nuestra parte, si no también la del otro. Nos hemos pasado de nuestra mitad y estamos trabajando en el terreno del otro para mantener la relación. Esta actitud es autodestructiva y contraproducente porque al final terminamos agotados, enojados y resentidos con nosotros y con el otro, porque no estamos recibiendo lo que deseamos, queremos y necesitamos en la relación.

Esperamos recibir del otro lo que hemos olvidado procurarnos a nosotros mismos. Nos hemos apartado y olvidado de nosotros, hemos dejado a un lado nuestro proceso, bajamos la cortina a nuestras necesidades para satisfacer las del otro. Asumimos de manera inconsciente la creencia errónea de que si me afano y desvivo en procurarle satisfacción y felicidad al otro, este hará lo mismo para conmigo y recibiré tanta felicidad como la que estoy entregando.  Nos olvidamos que la felicidad es un asunto interior por lo que no somos responsables de la felicidad de los otros, ni los otros de la nuestra. Pretenderlo de otro modo sólo nos traerá frustración garantizada.

En estos casos resulta muy saludable regresar a uno mismo, hacer tu parte y dejar que el otro asuma la suya si quiere y si le interesa la relación. Si cuando dejamos de ser la única parte activa en función de mantener la relación esta deja de existir, nos queda claro que la relación se mantenía gracias a nuestro amor y esfuerzo. La verdad triste y sin remedio.  Es por ello que uno se siente tan profundamente infeliz y solo en esa dinámica de dos donde sólo participa uno. Porque ningún puente se sostiene de un solo lado.

En esta vida todo tiende al equilibro, por lo que mientras más activo es una de las partes de la relación, más pasiva suele comportarse la otra. Se trata de encontrar el equilibrio para vivir relaciones que se traduzcan en bienestar y salud emocional.

Todo lo anterior no es exclusivo de la relación de pareja, es aplicable a todas nuestras relaciones, en sus diferentes variantes de amor. El tema de la confianza es algo que he conversado mucho con mis hijas, ahora que van creciendo y reclaman por más espacios de libertad. Que como todo derecho lleva implícito, responsabilidad.

Una relación es un espacio para crecer y compartir. Es insano y no es amor pretender que el otro me cure, se haga cargo de mí, solucione mis problemas y carencias, encuentre las respuestas a mis dudas, disipe mis inseguridades o me procure la felicidad que tanto añoro. Todo esto es parte de nuestro proceso personal y por tanto somos los únicos responsables de hacerlo y de lograrlo. Es nuestra responsabilidad individual e intransferible, para crecer y ser mejores personas, para sentirnos bien con nosotros y con nuestra vida. Una vez que nos hacemos responsables de nosotros, podremos participar de una relación donde compartir, crecer y ofrecer al otro todo lo que somos.

puente-madera1

 

 

¿Cómo te relacionas con tus sentimientos?

Los sentimientos no son ni buenos ni malos por sí mismos, si no con relación al impacto que tienen en nuestro bienestar y en quienes nos rodean. No son nuestros sentimientos si no las acciones y el comportamiento que se deriva de estos, los que podrían ser catalogados como beneficiosos o perjudiciales en base a las consecuencias que tienen para nosotros y los demás.

No debemos sentirnos mal, culpables o avergonzados por lo que sentimos pues en muchas ocasiones uno no decide lo que quiere sentir, no mandamos en nuestros sentimientos. Cuando se trata de lo que sentimos podemos reconocerlo, aceptarlo, aprender de ello, actuarlo, negarlo o reprimirlo. Esto último sería lo menos recomendable. Nuestras represiones se convierten en nuestras sombras, aquello que rechazamos en nosotros y en los otros. Ese rechazo tiene un impacto en nuestro bienestar porque lo que resistes, persiste. Se trata entonces de hacer consciente todo lo que nos permite sanar y cuidar de nuestra salud emocional.

Cuando rechazas un sentimiento estas experimentando el rechazo a nivel emocional lo cual provoca una reacción en tu cerebro donde se liberan principalmente dos neurotransmisores: cortisol y adrenalina. La presencia de estas sustancias en nuestro cerebro de manera prolongada tiene un impacto perjudicial para nuestra salud emocional y física. Es por ello que resulta crucial darnos permiso para experimentar todos los sentimientos sin rechazarlos ni juzgarnos. Hay que saber que no es lo mismo sentir que actuar. No tienes por qué actuar en automático todo lo que sientes.

Tenemos la capacidad de decidir cuáles sentimientos o emociones queremos actuar y cómo hacerlo. No estas obligado actuar todo lo que sientes, tienes el inmenso poder de hacer una pausa y desde ahí, decidir tu respuesta, elegir cuál sentimiento deseas actuar y cómo hacerlo. Se trata de usar la pausa para dejar de reaccionar y comenzar a responder. En la vida todo lo que hacemos tiene consecuencias. Somos responsables de nuestras decisiones y acciones, así como de las consecuencias que se derivan de las mismas. Procuremos entonces antes de actuar, hacer uso de esa pausa que nos permite tomar en cuenta los resultados que podrían derivarse de nuestras acciones y de este modo evitar hacernos daño o lastimarnos, a nosotros o a quienes nos rodean.

Se trata de aceptar lo que sentimos sin juzgarnos porque constituye una parte muy importante de quienes somos. Escuchar a nuestros sentimientos es una manera muy saludable de reconocernos y aceptarnos, es una parte fundamental del proceso de autoconocimiento y crecimiento interior. La aceptación, la compasión, la comprensión, el perdón, la gratitud y el amor realmente cobran total plenitud y toda su validez cuando nos incluimos, sólo están completos cuando comenzamos por nosotros mismos. Y tú eres la persona más importante a quien debes hablarle sobre tus sentimientos.

 

Smilies stickers on blue background

Hay más de una manera de hacer lo mismo.

En la vida casi siempre hay más de una manera de hacer lo mismo, desde la actividad más simple hasta la más complicada. Una vez que aceptamos esto, nos abrimos a la posibilidad de que los otros también tengan razón, a su manera. Esto, además, representa un gran paso a favor de la comprensión y el respeto, cualidades que tanto nos ayudan a vivir y a convivir en este mundo. Se trata de que cada uno encuentre cuál es su manera. Porque el mejor método será el que a ti te funcione.
Casi todo lo que sabemos lo aprendimos en el camino. Desde que llegamos a este mundo, quienes nos rodean, nuestro entorno familiar inmediato que luego se va ampliando a nivel social, nos van enseñando e inculcando ideas, creencias, maneras de vivir y de hacer. De este modo, hemos conformado un sistema de creencias, valores y comportamientos que no necesariamente son nuestros y no siempre nos hacen sentir bien.
Al final o desde el principio, las personas actúan según aquello en lo que creen por esta razón es tan importante que cada uno encuentre sus respuestas. Parte fundamental del proceso de crecimiento personal, consiste en identificar nuestras creencias limitantes para cuestionarlas y desaprender aquello que una vez creímos pero que ya no nos sirve más, porque representa una limitación interna que nos impide crear la vida que deseamos.
Saber quién eres y quién no eres, si lo que traes es realmente tuyo o es de los otros o es lo socialmente aceptado y valorado o es lo que se espera de ti. Distinguir si estas viviendo desde tu Ser o, por el contrario, en función de cumplir con las expectativas que los otros tienen sobre ti o un poco por ambas. Se trata de tocar base contigo adentro, iniciando el proceso de autoconocimiento.
Recuerdo alguna una vez conversando con una amiga, ella me comentaba que le gustaría hacer cambios en su vida, enfocarse en ser más productiva y exitosa para de este modo recibir el reconocimiento y valoración que esperaba de su familia. Después de un período de reflexiones me dijo: ¿sabes qué? Me he dado cuenta de que estoy muy a gusto con mi vida tal y cómo es, no soy yo quien quiere cambiar; son los que están a mi alrededor, los que me dicen que cambie y le encuentran faltas o fallas a mi vida. Cuando se trate de cambiar, asegúrate de que eres tú quien quiere hacerlo. Que este cambio responda a una necesitad interior tuya primero que todo.
Estamos en ese momento en el desarrollo personal donde tomar consciencia, detenernos a reflexionar y preguntarnos, qué es lo que quiero yo; no lo que me enseñaron de pequeña, ni lo que esperan mis padres que haga, ni lo que socialmente está bien visto, o lo que agrada a mi familia o aceptarían mejor mis amigos. ¿Qué quiero yo? Para saberlo, tendrás que silenciar las voces del exterior y comenzar a escuchar a tu guía interior, allí vas a encontrar tus respuestas. Esa es tu mejor brújula. La confianza en uno mismo es una cualidad indispensable para tener una vida plena.
Nada ni nadie te hará sentir más seguro de tu camino, satisfecho con tus decisiones y en paz contigo, que vivir y actuar tomando en cuenta aquello que tú quieres, lo que es importante para ti. Se trata de hacerte el hábito, través de la práctica, de escuchar y seguir a tu guía interior. Porque lo más importante será lo que tú creas, no lo que los otros te digan.

guia interior

 

Saber pedir.

Saber pedir es uno de los pilares básicos para una comunicación asertiva y nuestra responsabilidad en cualquier relación, porque es muy poco probable que los otros nos adivinen el pensamiento como por arte de magia. Esperar que los otros descifren nuestros deseos y necesidades como muestra de amor, cariño o consideración, sólo nos traerá frustración garantizada, porque el otro tendrá muy pocas probabilidades de acertar. Creo que adivinar los deseos de los otros está bastante por encima de nuestra capacidad humana.
Por mucho que nuestra pareja, hijos, familia y amigos nos quieran, convivan con nosotros y participen de nuestra vida, ellos no tienen la capacidad de adivinar nuestros deseos y necesidades. Y esto va de ida y vuelta, ni ellos podrán adivinarnos, ni nosotros a ellos.
Por eso, es una gran virtud aprender a decir y pedir lo que necesitamos, queremos o deseamos. Aprender a pedirlo desde nuestro lado amable o cuando menos de la mejor manera posible. Hay un dicho que nos recuerda que en el pedir está el dar. En la manera que pedimos las cosas, estás nos serán entregadas.
Tendremos muchas más posibilidades de éxito para recibir aquello que pedimos, si lo hacemos de una manera positiva, amable y directa. Se trata de hacerlo simple. Pide lo que quieres evitando quejas, reproches o descargando tu malestar. Comienza con el final en mente: ¿qué es lo que quieres lograr? Y sólo pide eso, en una frase simple, evitando que esta vaya precedida de todo el bagaje emocional que podría impedir que el propósito del mensaje llegue.
La comunicación es el camino para llegar a entendernos, dar y recibir, buscar las coincidencias y respetar las diferencias en cualquier relación. Es el puente que nos une y nos permite hacer contacto con los otros, para construir y mejorar nuestras relaciones.
Hagamos de la comunicación, un proceso simple, positivo y de acercamiento, donde no haya necesidad de interpretarnos, ponerse a la defensiva, ni descifrar las intenciones del otro. Todo esto enturbia y desgasta la relación. Nos alejamos irremediablemente cuando cada uno se queda atrincherado en su ego sin voluntad para entendernos ni dialogar. Construyamos un espacio común de comprensión y entendimiento, sin juzgar ni juzgarnos, donde lo positivo de todos sea posible, hablando y escuchando desde nuestro Ser.

pareja

Ser no es tener, ni viceversa.

La persona más feliz no es la que más tiene si no la que disfruta y agradece todo lo que tiene. En las sociedades occidentales es muy común que las personas sean valoradas y reconocidas por lo que tienen, por su nivel de bienestar económico y material. Nos venden la idea de que eres lo que haces y vales por lo que tienes. Y así, incorporamos la creencia errónea de que tu valía personal está determinada por lo tus bienes materiales, por lo cual mientras más tienes y acumulas, más valioso o valiosa serás.
Es por ello que al vivir tan ocupados por tener, acumular y presumir lo que tenemos, nos olvidamos de ser. Dedicamos nuestro tiempo, energía y esfuerzo en hacer para tener, en el entendido de que una vez que poseemos aquello que deseamos, el disfrute de todo lo obtenido vendrá por añadidura.
El asunto es que no lo vemos porque estamos tan ocupados en conseguir lo que nos falta, que no vemos ni disfrutamos todo lo que tenemos. Caemos en una trampa emocional de ansiedad y avidez que nos arrastra, donde casi todo el tiempo estamos persiguiendo una felicidad que se nos evapora una vez que poseemos lo que tanto habíamos deseado. Otras veces, nos deshacemos en lamentos y quejas por aquello que nos falta, nuestra energía se agota sin que podamos llegar a apreciar ni disfrutar todo lo sí que tenemos.
De este modo, pasamos a vivir en un estado de ansiedad e insatisfacción permanente porque hemos confundido ser con tener. Nos hemos identificados con lo que no somos. Para hacerlo peor nos comparamos con los demás, comenzamos a ver lo que han conseguido los otros, para seguir sumando insatisfacción a nuestras vidas. Y repetimos aquella frase que nos recuerda que el césped del vecino siempre se ve más verde.
Y así vamos por la vida hasta que el alma aguante, hasta que llegue ese día en que te sientes tan mal que ya no puedes más. Te das cuenta de que evidentemente has pasado años buscando la felicidad donde no está. Llegó el momento de detenerse para cuestionar nuestras creencias, hacerlas consientes y poder crear la vida que tú quieres. Ahora tienes la oportunidad de comenzar de nuevo, esta vez contigo, buscando tu bienestar dentro de ti. Por variar o por probar o hasta por sentido práctico puedes plantearte que si llevas años buscando tu felicidad afuera sin éxito, podrías intentar esta vez buscarla dentro de ti. Es el momento de comenzar a entender qué nos pasa y cuál es la causa del malestar y las insatisfacciones que llevamos cargando por tanto tiempo.
Contrario a lo que algunos pensarían, las crisis emocionales no nos enferman, en realidad nos salvan. Nos hacen detenernos y replantearnos el camino. Son la puerta de salida de emergencia hacia un nuevo nivel de conciencia que te permite una experiencia de vida plena. Tocar fondo es el primer paso para encontrar una solución a nuestras insatisfacciones, para recuperar nuestro bienestar que es el equivalente a nuestra salud en el sentido más amplio de la palabra.
Asistimos al inicio de un camino de búsqueda personal, avanzando hacia el encuentro con uno mismo, para descubrir quién eres y conectar con todos tus recursos interiores. A partir de aquí comenzarás a conocer casi todo sobre ti mismo, cómo eres y cómo no eres, qué quieres, qué te hace sentir bien, qué necesitas, en qué crees, cuál es tu camino.
No te angusties ni te desanimes si las respuestas no llegan con claridad en el momento que más lo deseas. Darse cuenta y tomar conciencia es un proceso y como todo proceso lleva tiempo y no es lineal. Regálate tiempo para conectar contigo, con tu Ser y con todo aquello que te hace sentir bien. Muchas veces las respuestas aparecen en el silencio. La claridad nos llega en retrospectiva y cuando miras hacia atrás todo tiene sentido. Cuentas con hoy y ahora e infinitas posibilidades dentro de ti para crear la vida que deseas.
Y recuerda siempre que vales por la persona que eres.

IMG_3423 (2)